Estuvo en Sanià junto a:
Diario del tiempo
Una estancia en la Residencia Literaria Finestres
d1
Me instalo en una casa habilitada para escribir.
Mis dedos se toman su tiempo para acostumbrarse al teclado, que he abandonado hace casi un mes. Cada una de esas diez partes se mueven torpes, lentas, reconociendo el territorio que les hace hablar.
Durante las últimas semanas escribí a mano. En ese gesto de archivo ansioso se activaron otras sensibilidades e inquietudes como volverse a entender ante una improbable nueva lectura; captar aquello que queda latiendo de un día al siguiente; la versión de esos días.
Una libreta roja horizontal para lo cotidiano y lo que se escapa, que es mucho.
Una libreta negra rectangular para seguirle las huellas a un escritor chileno en España.
La primera a dos manos. La segunda a cuatro manos y mucho amor.
d2
Contrasta el calor de la casa con el gris que cubre el horizonte. Esa capa de color no aminora la belleza del lugar al que no me apresto a salir. Hoy será día de adentro.
Sigue el acostumbramiento a la comodidad, a la disposición, a lo propicio que es todo para tomar cualquiera de los platillos que mantengo girando, cada uno de los proyectos que tengo y como me gusta llamarles.
Me aconsejan que me meta en uno. Solo en uno. Que me concentre. Por el contrario, quiero entrar en todos e iniciar otros.
La latencia de lo que se escribe, la ventilación que necesita cada uno, su fermento. Leudar.
Estaré probando distintos textos que estoy preparando, viendo si las letras se hacen entender después de un tiempo de abandono. Si cobran sentido.
Anoche leí uno de los cuentos y se me hizo extraño, como el mismo acto de teclear. Una mirada, una segunda y logré entender. Leí para mis compañeras de taller y para nuestra maestra, Gabriela Cabezón, y vino el silencio. ¿Qué se dice sobre un cuento sobre un niño abusado por su padre? Esta historia, si alguna vez llega a publicarse, ¿qué herida puede abrir en esos niños que fueron mis compañeros de colegio?
*
Este es un diario. Llevo otro en una libreta en la que escribo a mano. Llevamos otro sobre Roberto Bolaño, una pequeña cosa de unas treinta páginas que no pensé que lograríamos completar, o casi hacerlo. Uno de los platillos será también una especie de bitácora de lectura. Hay otra de unas fotografías. Diarios paralelos, contenidos segmentados. El increíble tiempo para entrar en ellos. Las futuras detonaciones de ideas y dispositivos. Muchos dispositivos, por favor.
*
¿Cuánto pueden darnos las palabras de otros?
*
Uno de mis compañeros de residencia habla de sus libros, de algunos de sus referentes en el ámbito de los diarios. En la biblioteca hay una sección dedicada a ellos. Nos recomienda uno de Coetze. Medio de la nada habla que desde su quinto libro, recién, pudo denominarse y reconocerse como escritor. Recién. Cinco libros publicados por editoriales grandes y recién.
*
Comienzo una de las cosas que me propuse hacer acá: la escritura de lo que salga de la lectura de la página 54 de algunos libros. Es un juego por la insistente aparición de este número en mi vida. Traje las páginas 54 de los libros que ocupan ese orden en mi biblioteca, tanto si se cuenta de abajo a arriba y de izquierda a derecha. Sumo otros libros que encontré en el viaje por países de Europa antes de llegar acá, otros provenientes de la mismísima biblioteca de Sanià
Si bien es un juego, jugarlo me pone nerviosa. Me rio y me atemorizo. He esquivado empezarlo todo este día. Me propuse hacerlo esta tarde, cada tarde de ahora en más, una vez al día.
Ahora que comencé noté algunos gestos que no tenía previstos:
-La necesidad de dar las coordenadas precisas del libro y su edición. De esto, de estás condiciones materiales depende qué página 54 sale en cada ejemplar.
-La transcripción de la frase elegida para el juego. Será entonces parte del juego volver a escribir lo que ellas y ellos tipearon alguna vez para el libro. Será como un mantra menor, con menos repeticiones pero con repeticiones al fin. ¿Alguien escribe pensando que habrá otro repasando lo ya tipeado? No creo.
*
¿Qué lugar tiene la edición en un diario?
*
Los libros como disparos, como detonantes.
Una patada.
Un: “si tuvieras que elegir entre esto y esto sí o sí, ¿qué harías?”.
d3
Me aproximé al mar. La comodidad de la casa puede ser una trampa.
Pasada una fase breve e intensiva de aclimatación, quise moverme.
La escalera sinuosa. La fuerza del agua en el horario al que llegué. El Mediterráneo como banda sonora de una lectura situada en otro territorio, acompañada de otras aguas.
Sigo adaptándome a la idoneidad del contexto, por sobre todo al tiempo disponible para escribir. Es un idilio contar con él. Tan especial como abrumador.
*
Los caminos se siguen abriendo. Hoy caminamos con Juli y Gabi por un tramo breve del camino de ronda. La naturaleza inspira y ventila la mente. Llegamos al mar, a la playa.
Que venga el rayo de sol a darnos el pase para zambullirnos. Pero no. El agua está fría. Nunca tanto como el Pacífico.
*
Aprendo a jugar con Ploma y Sam. Esta noche Sam, el sabio de la casa, se sentó al lado mio. Sentí una especie de protección.
d4
Una cosa había sido compartimentar la cabeza, armar carpetas para cada proyecto. Otra es, ahora, tener tiempo para entrar en cada una de estas covachas. Para no perderme de ninguna, he puesto masking tape con los nombres de los proyectos en la mesa. Las moveré a las maderas de la ventana. Estaré decorando esta mesa con ocurrencias.
Una de las ocurrencias es que los papeles sobrantes de algunos recortes los estoy poniendo en hojas. De la inminente basura armo collages. Cada materia, incluyendo las servilletas que limpian nuestras bocas, la estoy usando para armarlo s. ¿Será que me estoy aferrando a cada miniatura, sobrecogiéndome en la posibilidad de la dedicación?
Leo, me inspiro. Admiro la construcción de cada proyecto literario que estoy rozando, ingresando a mirar sutilmente.
En esta aproximación tipo puzle a los proyectos, a mis platillos que giran, olvido algunos ya cerrados. Después de paridos hacen que me olvide de los otros. A veces vuelven. Ayer se publicó una entrevista a propósito de Kayser. Debo volver a mirar ese libro.
*
Me llevo más y más libros a la cama. Me gusta dormir con ellos.
Los picoteo, leo por episodios. Me afano. Quiero tenerlos todos a mi lado.
d5
Cumplo con mi promesa personal de bajar a saludar el mar cada día. Llueva o truene, iré a escribir una línea, leer otra.
El rocío moja las páginas de estos ejemplares. La casa los secará con el calor de hogar al que vuelven. Algunos quedan retenidos en mi habitación o en el estudio. Los usaré para el proyecto.
También les pediré a mis compañeros que elijan un libro suyo y hacer el juego. Cincuentaicuatrizarlos.
*
Hoy hablamos con Juli sobre su poesía. Me gustó mucho. Breve, directa, cotidiana y profunda. Hay trazos familiares y personales.
*
Por primera vez comí conejo. Pedí un deseo.
*
Una caminata con Guadalupe. La lluvia nos acompaña. El viento también. Salimos a ventilar unos problemas menores. A mover las piernas. Mucha quietud sienta la culpa de no hacer ejercicios.
Estamos atentas a que el tiempo cambie y podamos ir al mar a bañarnos.
*
“Todo diario íntimo es también un prodigio de hipocresia”.
Julio Ramón Ribeyro
La tentación del fracaso.

d6
Esta vista al mar es con espejos.
La luz rebotando en los rebotes.
Este ritual, esta vista, serán muy extrañados, como las agüitas de hierbas y la comida deliciosa.
Sigo leyendo “La tentación del fracaso” de Julio Ramón Ribeyro. Encuentro allí muchas sustancias útiles. Empatizo con un señor muerto, con la versión de su juventud en los años 50. Esas miradas intimistas trascienden. ¿En qué medida lo vivido es de interés?
Es una como material. Un quite a la producción de ficción siendo esta también ficción. Nada es verdad. Tampoco es necesario que lo sea.
Sigo tomando libros breves de la biblioteca. Que sean breves es el antídoto -más bien, mejor, paliativo- para mi ansiedad sobre el uso del tiempo. Los leo por fragmentos, a mordiscos, saltando casillas, como en el luche (rayuela). Finalmente todos los libros dialogan, se salen de sus páginas a las conversaciones con los chicos. Es parte de la magia -o locura- que provoca la literatura. La materia prima del proyecto que estoy trabajando como diario alternativo a este, el oficial. El otro, entonces, ¿también es un diario o es un diario de un diario?
*
Hoy fuimos a Palamós. Tenía curiosidad sobre cómo era. También necesitaba un enjuague bucal pero por sobre todo quería ver el pueblo. Me gustó. Espero ir de nuevo y recorrer más. Sentarme en un café a leer. Aunque me lo pienso mejor. Esta casa es un imán, es atrapante. Cada rincón es propicio para especular.
d7
Hoy salimos a la playa. Fue satisfactorio caminar, meter los pies al agua, caminar sobre las piedrecillas que cubren esa bahía. Dolor (pequeño) como detonante de la escritura, o lo que Juli y Guadalupe han descrito como una práctica faquir.
*
Me gusta recordar así, esporádicamente. Es un pequeño antídoto a mi forma de vida ingrata.
*
Escribo falsamente, en clave. Quizás en ese ocultamiento algunos puedan reconocerse y elucubrar recuerdos propios.
*
Sigo con los collages. Es que tengo muy buena basura en mi cuarto propio. Ya no son solo los pedazos de las páginas que traje escaneadas. Se unen boletas de lo que compré en Palamós, los pasajes de Chile, el seguro, la basura de Julia…

d8
Día de caminata. El cuerpo vuelve al movimiento en una soledad relativa.
Se me juntan los diarios. Esta, de hecho, es en parte una transcripción del verdadero diario íntimo, del que escribo a mano.
Me abro a compartir esto que es mínimo.
*
Voy despejando la culpa de leer más que escribir. Estas lecturas son para rumiar lo otro. Es para la extracción de ideas y relaciones. Es mi materia prima.
*
Caminamos los cuatro. Hicimos una primera foto juntos.
Llegamos a unas calas del sur, ¿o del norte? Un buen tramo hasta la playa del grito, tema que trabaja Gabi. Nos desafía a gritar. Nos invitó, más bien. Eso hicimos. Fue hermoso y liberador. Un encuentro con la voz acallada en este silencio que es parte de los lapsos imperantes de soledad.
d9
Conseguí -o estoy consiguiendo- armar una rutina. La caminata-lectura como facultad dejada por unas semanas, hoy se reactiva. Caminar y leer. Leer para escribir. Mover el cuerpo para no sentir culpa. Cuando ya se me configura este método, bajo por un café antes de aplicarla, de salir. Llego a la fabulosa máquina que los prepara y veo que es otra. Tengo que volver a mirar para confirmarlo.
En este microclima, microespacio, microparaíso, cualquier cambio llega a ser notorio. Especialmente los mínimos.
Logro afirmarme a esta rutina que tendré que desandar en unas semanas. Pero mejor tenerla.
*
Han pasado diez días y siento que son cuarenta. En el buen sentido. El tiempo distinto y amplio; un tiempo grande, tan graaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaande,
demasiado disponible, como un tesoro que estoy tomando con ambas manos.
*
La salida diaria la hice en la tarde. Caminar, leer.
Sam, Ploma y Ari llegaron a la playa. Jugamos.
Ploma y su cuerpo de joya al mar. Cuanto placer en ese gesto. Sam siempre más retraído, solemne.
Desde el bosque aparece un helicóptero. Primero en sonido y luego en materialidad.
Viene bajo, demasiado bajo. Se viene sobre nosotras, de verdad.
Sigue bajando hacia la playa, se cae, se cae. Me cubro la cabeza y me muevo tratando de esquivar ese enorme insecto de metal.
Antes de caer al mar hace una curva cerrada y sigue en dirección a Palamós.
Se mueve como una mosca errática sobre cualquier cosa. Se mueve como un auto conducido por un borracho. Luego lo perdemos de vista.
*
Me faltan números 54 impresos para los collages. Los estoy armando con los números de las boletas de las cosas que compré Palamós. Sigue siendo mi exquisita basura.
d10
Salida de mañana a matar libros. A concluir unos para tomar otros.
Sam me sigue, me honra con su compañía. Siento una protección al ir con él a la playa. Su compañía es la de un mudo.
El Libro del desasosiego de Fernando Pessoa me habla. Me toma la cara y le dice:
“Este libro extraño como portalones abiertos es una casa abandonada”.
Y sigue:
“Te ofrezco este libro porque sé que es bello e inútil (…) -puse todo el alma en hacerlo, pero no he pensado en ello mientras lo hacía”.
“Y porque este libro es absurdo, lo amo, y porque es inútil, lo quiero dar, y porque de nada sirve, quiero ofrecerlo y te lo ofrezco…”.
*
Estoy sugestionada. Entre boleros de Lucho Barrios y otros libros que subo a mi cama, encuentro rastros de mi vida en ellos. Creo que en este estado las cosas se vuelven homologables.
Canto.
*
Aparecieron los resultados de la siguiente cohorte de la residencia. Me llegan algunos mensajes con los ánimos caídos por no quedar.
Me cuesta responder estando acá mismo. En esta comodidad, con este nuevo tiempo entre manos.
Sigo pensando que todo pasa, que las cosas se adjudican, por “el juego de la viroca”. Que hay mucho del calor del momento de quien revisa. Mucho del azar de esa subjetividad observadora.
En esa ruleta salí y estoy acá.
Por mis cuentos estoy acá.
Por el desierto.
Esta versión que estoy escribiendo sobre ese territorio magnético.
d11
Extraño amanecer. La muerte en la puerta de la familia de Gabi. Tendrá que partir a Sevilla. Es curioso cómo nos comportamos ante eventos como estos y frente a personas que a fin de cuentas son desconocidas.
Pienso en mi abuela y lo que le pedimos con mis tías: que me espere que vuelva. No vaya a ser que se muera estando tan lejos.
¿Qué haría?
Pienso que me quedaría. Le pediría un buen abrazo y caminata a las chicas, prendería una vela, escribiría algo para ella. Le diría a J y a Elita que vayan un momento a dejarle una flor al lugar donde la encuentre el final. El final de la vida de la madre de mi madre muerta.
Podría sumar la lectura de un cuento que le dediqué.
Podría ser un episodio de un nuevo libro. Un poema, un cuento, una entrada de un diario escrito a 11 mil kilómetros…
*
Voy a la cala de Gabi. Es cómoda para leer. Voy con el libro de ensayo Las otras de Alia Trabucco. Uno de los textos es sobre su abuela y su bisabuela. Pienso en esa herencia, en cómo forjó el caracter de su madre, mi querida maestra Faride Zerán quien me empujó a escribir y publicar.
La fuerza de las mujeres y el empuje que le dan a otras.
Siempre gracias.
*
Sola en la cala, tranquilidad. Uno que otro pájaro moviendo las hojas sin ser el viento.
De la nada sale una cabeza del agua.
Estoy con las piernas flectadas, con el poto al aire en dirección al mar, justo desde donde emerge una cabeza. Recojo las rodillas. Me cubro. Se asoma más. Prefiero saludar. El cuerpo saca las manos, y entre ellas un pulpo.
Le grito que hola y que qué va a hacer con el ser vivo que trae. Juego un poco, me dice. ¿No te lo llevas, cierto? Responde que no, que lo va a dejar. No le hagas daño, que ellos sienten todo.
*
Hoy sirvieron paella. Solo acá puedo decir que ese venerado plato no me gusta tanto. En la mesa me hubieran linchado.
Aparto los trozos de pulpo que andan por ahí.
d12
No quiero saltarme un día de escritura de este diario. Sentiría que es un desaire, un gesto desagradecido.
*
Un diario inventado podría ser ese: escribir esa frase –“no quiero saltarme un día de escritura de este diario”– cada uno de los treinta días.
Intentaré hacerlo a mano y adjuntarlo como imagen.
Un nuevo subdiario. Banal y visual.

*
Hoy Miquele me hizo las fotos. Iba a ser ayer pero no se pudo. La luz y el viento se opusieron. Coincidentemente, esta noche escribiré mi entrada 54 de Imagen Fantasma de Hervé Guibert. Tengo varias ideas sobre esto. Todo en torno a la foto y los afectos.
*
Mis cabellos como medusas buena yendo al lente de la cámara.
*
Ribeyro sigue teorizando de cosas que me ayudan. Gracias Julio.
d13
Llegó Pol Guasch. Muy simpático y amable.
Por su visita, Ari se sentó en la mesa con nosotros. Al fin.
También, activaron un recuerdo de infancia: desgranar habas.
El olor de sus fibras en las uñas hasta el día siguiente.
Los pedazos de pintura de uña roja, minúsculos, sobre las vainas desfloradas.
Sacar aquello que comeremos. Tocarlo antes de que pase a nuestro interior.

d14
Día de viento tramontana.
Intensidad tal que algunos árboles de la casa han caído de cuajo.
Ari comenta que a algunas personas este viento los pone locos.
No logro reconocer el grado de afectación que pueda tener en los seres humanos que me rodean.
En el mar es evidente. El sol no logra sacarle destellos; solo pinceladas blancas por lo picado que lo pone.
*
Tomé el ensayo Escribir de Marguerite Duras. Comienzo a leerlo y encuentro una frase que me ha aparecido en varios epígrafes de libros y en redes sociales. Repetida o no, cliché o no, en este momento me sienta bien: “La escritura nunca me ha abandonado”.
*
Sobre lo de escribir “a ciegas”, Duras me dice algo: “No tener ningún argumento para el libro, ninguna idea de libro es encontrarse, volver a encontrarse, delante de un libro. Una inmensidad vacía. Un libro posible. Delante de nada. Delante de algo así como una escritura viva y desnuda, como terrible, terrible de superar. Creo que la persona que escribe no tiene idea respecto al libro, que tiene las manos vacías, la cabeza vacía, y que, de esa aventura del libro, sólo conoce la escritura seca y desnuda, sin futuro, sin eco, lejana, con sus reglas de oro, elementales: la ortografía, el sentido”.
d15
“No quiero saltarme un día de escritura de este diario”.
*
Esta es solo una de ellas. Julia llega con “la palabra del día” de la RAE.
Hoy toca: “chozpar”.

*
Especulamos sobre cómo sortean la palabra del día, si es que acaso esta debe tener algún grado de pertinencia con el contexto, si así sería mejor.
A la única conclusión que llegamos es que lo que deberían hacer es poner a un señor viejito -porque todos los que trabajan allí deben serlo- en una transmisión de Instagram, en vivo y en directo, para todos los países de habla hispana, a sacar la palabra de una pecera. A la antigua.
Sería un acto de transparencia por el bien de nuestra lengua.
d16
Algo de desazón y sentimiento de encierro.
Debo tomar esto con calma. Tomar de nuevo el tiempo ancho con las manos.
Es el efecto que nos habían advertido, es la mitad de la estancia.
Me faltan tres cuerpos cerca.
d17
Creo que me salté más días de lo previsto. Puede que los días hayan comenzado a solaparse.
Los libros siguen operando como respuesta.
Dan luces, tiran chispas.
Hice uno de los 54 y me complicó. Me metí sola en un callejón. Nadie me seguía necesariamente. No estaba en peligro pero me descompuse. El decante de este sentimiento irá a parar al otro diario o lo abandonaré.
De nuevo Marguerite Duras me dice: “No tener ningún argumento para el libro, ninguna idea de libro es encontrarse, volverse a encontrarse, delante de un libro. Una inmensidad vacía. Un libro posible. Delante de nada. Delante de algo así como una escritura viva y desnuda, como terrible, terrible de superar”.
No quiero que los temas que se abren hagan que la escritura me hiera.
¿O sí?

d18
Es el día del padre en España. Es por San José, el padre de Jesús.
–“El padrastro”, aclaro riendo en la mesa con los chicos. No había caído en cuenta de este parentesco.
*
Hoy es noche de murciélagos. No había visto. Son tan notorias sus alas.
d19
Caminata a Palamós. La geografía del lugar es alucinante. Hablamos sobre cuándo se puede aburrir una de ver esta inmensidad en los colores que se presentan.
*
Una de las compras para la certeza: un test de embarazo.
No solo se descompaginó el tiempo.
También, algo, mi cuerpo.

d20
Comencé a escribir lo que viene en los 54 que sé que no alcanzaré a hacer acá. Un pequeño ritual de preparación porque no podré consultar estos libros más adelante.
Estos mismos. Los de esta biblioteca.
d21
Inicia la cuenta regresiva.
d22
¿Cómo afrontar una semana contradictoria?
Que no acabe este idilio.
Las ganas de volver a la civilización. Algo de nostalgia de casa.
Los tres cuerpos que necesito insisten.
*
He tenido mañanas en las que despierto y no sé dónde estoy. Salir de un sueño profundo y no reconocer el espacio. Ese desconocimiento, ¿es mala inquietud o reflejo del descanso?
Sigo con el diario de Julio Ramón y aparecen más respuestas. En un momento, hasta compartimos la edad.
Siento desgaste creativo.
Me meteré a otros escritos para refrescar la mirada del proyecto.
No abandonar los collages. Sigue habiendo basura para hacerlos.
*
Mis compañeros me sugieren algunos libros de estructura fragmentaria. No sé si es lo que me gusta más como estilo, aunque ahora esté escribiendo uno con algo de eso.
Lo más fragmentado que he escrito es poesía.
Puede que haya empezado esto por el juego y por la búsqueda del fragmento como forma. Escribir, entonces, siempre se tratará de probar.
*
El ocaso de un día, en este caso es de un mes, como momento de balance.
Soy pésima para esto. Haré lo posible.
Mi experticia: vivir saltando de destello en destello.
Bajaré esta intensidad al volver a Chile.
Probar la continuidad. Cada día como un campo de sentido. No levantar puntos de chequeo para acelerar. A sentarme. A quedarme.
Todo es compatible con sembrar hitos e intereses como drogas menores.
*
El mar hizo lo suyo. La limpia para volver a las gratitudes.
Escribir a mano tiene su poder.
Se piensa de otra forma. No hay mediación, hay un instrumento que conecta la evocación del pensamiento con la fragilidad de un papel.
El lápiz puede llegar a ser ayudista y opositor.
Es esencial su forma de correr. La disposición de la tinta, si logra acompañar la velocidad del pensamiento ya reducida por la posibilidad real que tiene una muñeca y una mano de traducir lo que transcurre en la mente, que siempre va más rápido.

d23
¿Cómo volver a trabajar tras vivir esto?
Me han pasado cosas peores… pero me da curiosidad cómo será el contrapunto.
*
Últimos días de playa.
Acá llega el sol. En mi casa, se aleja dando paso al frío.
Escribir a mano. La poesía es posible así. Del pensamiento que logramos agarrar hasta el lápiz.
*
Quedan días para cosechar citas. Buscar y volver a mirar en los libros que gustosamente leí en esta casa y que prometí no robar.
No lo haré.
Me llevo las citas que se tejen en el proyecto de juego que comencé.
Dejo esas marcas para otras y otros, para jugar con ellas también.
Mis rastros lectores como aporte a las autopsias que podemos llegar a practicarles a los libros, a los infinitos libros que son la principal ventana de esta casa. La vista a esos mundos que se guardan y abren en la biblioteca.
d24
Se evidencia la primavera. Los días duran más, la luz se expande en las tardes. En Chile será todo lo opuesto.
Se acorta el tiempo de lectura. Será lo que logre terminar.
Todos estos libros han dormido conmigo. Han sido simulacro de los cuerpos que extraño.
Me voy con un saco de imaginarios que no conocía, habiendo pegado algunas cuotas de deuda de lecturas fundamentales.
Eso acorta lo que he denominado “lo que dejaré para leer cuando me jubile”.
*
Me acompañan algunos insectos. Una araña chica cerca de la puerta; algo que creo es un chinche de arce (¿acá hay arces?) en el escritorio; y una insistente hormiga y sus gemelas en las aureolas del té con miel en el escritorio.
(Perdón a Mari por tantas manchas de lápices, pegamento y líquidos acá)
También está conmigo en esta sala junto al computador Robin Myers y su poesía de lo profundamente cotidiano.
Un diario es algo como esto, también. Al encontrarnos tan ensimismadas, algo se activa en la sensibilidad que invita a la poesía.
*
Voy por un mate.
(Otra vez, gracias Mari)
En la cocina reposa un cajón de arvejas (guisantes).
Nos ponemos a desgranar con Ari, Sam y Ploma.
Arvejoterapia y los consejos de Ari para concretar la idea de ir a Cadaqués una vez que salga de Sania.
*
Un día de escape a la ciudad, al pueblo grande.
Pablo me lleva a la estación de tren. Conversamos (¿con nostalgia?) de algunas cosas del pasado, sobre todo de las razones que nos llevaron a estar a ese momento.
La distancia de nuestros países.
El tren sigue siendo gratis. Me alegra ver otros paisajes que mezclen lo urbano y lo rural. Me parece que iré en búsqueda de zonas así en Santiago. Esas fronteras porosas donde lo vegetal se abre espacio y es prueba de un pasado sin urbe.
Voy acompañada de la novela de Elaine Vilar Madruga y de bastante gente y sus ruidos. Niños, normal.
Gente conversando, normal.
Mujeres tratando de interactuar con los niños, normal.
Lo extraordinario fueron dos cosas: el olor apestoso de mi compañero de asiento en el tren, donde afortunadamente pude ir sentada para leer; y la llamada a los gritos de una mujer. En algún momento creí que había una pelea. Muchos volteamos porque eso parecía. ¿Cuándo sacan los estoques, como en la Alameda de Santiago?
Pero no. La mujer -que no conseguí ver- peleaba a los gritos con otra persona.
¿Cómo no le cortaban la llamada?
¿Qué pasaría cuando se encontraran en persona?
Quizás era la forma de relacionarse o alguna especie de deporte secreto aunque público que buscaba desconcertarnos.
*
Llegué a Barcelona. Cambio rotundo en el paisaje.
Gente, mucha.
Paseo de Gracia y el horario de la salida del trabajo. Mini momento de engentarse. Nada que un café y un canelé de Paul no pudiera subsanar, junto a la entrañable compañia de Paola Lagos, queridísima chilena que vive acá.
Luego el lanzamiento de Una casa sola.
Selva es la calma. Si en el libro de Elaine este paraje es un hambriento devorador, esta mujer es toda paz.
La entrevista sobre el libro me pareció algo incompleta aunque, al igual que cualquier ficción es una versión, lo es también una lectura. No hay lectura de completitud posible. Los libros son fuente inagotable de interpretación, sino todo estaría hecho y las copias que somos de otros estarían por extinguirse.
*
Un paseo con Vale. Necesitaba caminar.
Me alegra encontrarla tan bien, clara, trabajando en lo que siempre quiso. Me alegra mucho. Le tengo un especial cariño y aprecio.
Con Vale siempre tenemos conversaciones reveladoras sobre la vida.
Vale es lectora de los diarios de la residencia
Le pregunto:
Ella responde:
d25
Leí algunas noticias sobre recortes presupuestarios en cultura en Ecuador.
Se vienen en Chile que me espera (¿me espera?) con un gobierno de ultraderecha recién asumido.
En esta estancia he evidenciado lo periférico de nuestro ecosistema del libro, su caja de resonancia interna. La provincia que somos.
Pequeña, llena de amiguismos.
También, al mismo tiempo, llena de empeños increíbles por poner nuevas voces a circular.
A esta provincia la he visto crecer y complejizarse.
También aprendo mucho de ello desde el periodismo allí.
Mirar un poco acá por esta oportunidad de la residencia me dejó por un momento un amargor.
Ver desde acá, desde la distancia y el extrañamiento, la provincia que somos.
Ahora me parece bien. Todo a sus escalas. Ojalá que las editoriales pequeñas se vengan vinculando para circular acá. Lo mismo las autorías.
Más diálogos.
Ayer Selva Almada contó algo sobre lo que hace con Salvaje Federal, el proyecto de librería con énfasis en autorías de provincia. Un siguiente paso para ellos ha sido que las ferias de libro de las regiones integren en diálogo a las y los locales. No separarlos de las “grandes estrellas” que invitan.
Algo así pasó en esta cohorte de Sania: consagrados, locales y desconocidos.
Somos un mix y eso es lindo.
*
Ahora, ahora me salen las reflexiones.

Antes estaba en una especie de piloto automático en el desconcierto de lo que en definitivaha sido esto: el tiempo.
Veo que este modus operandi no siempre es malo.
¿Quién finalmente está tan consciente de todo lo que hace?
¿Cuánta receptividad podemos entregar?
¿Cuánto de lo que tenemos en mente logramos captar?
d27
Sol rotundo con viento enloquecedor. Está bien salir un poco a la locura, o su posibilidad.
Se acaba el mate. Debo acabar los libros. Terminar de extraer sus citas.
Luego, a la coctelera de la mente. A la sumatoria de platillos giratorios de los proyectos pendientes.
Quizás deba hacer un “ranking” de lo que leí. Si algún visitante del futuro llega a leer esto, podría guiar que tome algún libro que me gustó. Dejar allí latiendo mínimamente un nombre de algún autor o autora. Ojala autora.
*
Pronto debo desmontar este estudio.
Alejarme del sofá. Los estiramientos, el sol que me recluye a una orilla de la mesa.
Será como guardar los días experimentados.
Los collage y sus menciones son una especie de postales de los libros que miré o leí completos.
Serán otra forma de testimoniar su lectura.
*
Comienzo a permitir filtraciones en mi campo magnético de dedicación exclusiva a la lectura y escritura. Profano el pacto e inicio con algunos trabajos que debo retomar para abril. Lo pongo solo porque me quedó sonando una cuña de mi amiga escritora Arelis Uribe sobre su producción literaria. Dice: “escribo más de lo que el capitalismo puede publicar”.
Intenso, provocador. Algunos dirán pretencioso.
Pienso en los flujos de la publicación.
En estos días me suscribí a una serie de boletines de editoriales y llegan y llegan y llegan. Me gusta mucho estar al tanto de las novedades editoriales pero en esa lectura rápida que logro hacer de ellos, temo no recordar nada. No retener nombre, título, tema. No llegar a encontrarme con esos libros. Como remedio a este abismo banal, anoté algunos nombres y títulos que me recomendó Diana, amiga editora de la casa que vino a visitarnos. Esos sí los conseguiré.
*
Los newsletter de las editoriales son, a veces, nuestras cartas de amor.
*
Ari me da un hermoso titular o verso para algún poema:
“Un cementerio de pelotas”.
*
Con un poco de nervios y tras leer los dos primeros capítulos, inicio el tercero de la novela “Archivo Quilpueíno”.
Lo que leí me gusta pero hay muchas aperturas.
Este capítulo será de cartas de un personaje a otro, viendo allí cómo completar lo fundamental. Es bueno dejar espacios para que quien lea imagine, especule. No poner todas las piezas del edificio; que tenga lo suficiente para sostenerse.
Pienso en estas cartas, cuyos primeros párrafos comienzo a escribir, como un ensayo para otro proyecto, un nuevo platillo.
Tengo unas cartas que escribió mi mamá a mi papá. Quiero ir completando con ficción lo que pasa entre un mensaje y otro, sin haber leído todo el corpus. Ir a ciegas para que la inventiva ate las temporalidades. Esto será cuando me atreva a entrar en los contenidos de estas cartas; a conocer ese amor enigmático.
*
También he ampliado la lista de ideas para unos cuentos sobre cosas extrañas que vi en algunos viajes. Son destellos de recuerdos que encuentro en chistes de Guadalupe, en la ida a Barcelona, en las anécdotas de Pablo, en cosas pequeñas que me provocan, como cuando despiertas en una habitación sin saber dónde estás, darme cuenta que estoy fuera de casa. El extrañamiento.
*
Guardaré 13 textos de borramiento, 4 frases escritas a mano que no puse en ningún collage, 42 collage de basuritas, 33 libros leídos, 21 autores que no leí antes, 10 que sí.
Sé sumar. Hay dos autores que leí dos veces.
*
Un amigo me manda un audio contándome que tuvo en sueño en el que estaba en un lugar de libros usados. Allí, un libro de anatomía. Lo toma con sus manos, lo hojea. La parte del cuerpo que le aparece primero es una muela, fea, picada. Luego sigue y ve que es este diario que estoy escribiendo ahora.
*
Arqueo de lecturas
Libros de esta biblioteca:
1- Laura Ortíz Gómez, Sofoco
2- Ana Paula Maia, De ganaderos y de hombres
3- Silvana Vogt, El fino arte de hacer monstruos
4– Cesa Aira, Artforum
5– Elaine Vilar Madruga, La tiranía de las moscas
6- Magalí Etchebarne, La vida por delante
7- Eliana Hernández y María Isabel Rueda, La mata
8- Hervé Guibert, Imagen Fantasma
9- Marosa Di Giorgio, Flor de Lis
10- Clyo Mendoza, Silencio
11- Juan Gelman, Gotán y otras cuestiones. Poesía I (1956-1962)
12- Juan Cárdenas, Los estratos
13- Juana Bignozi, si alguien tiene que ser después
14 -Héctor Libertella, La arquitectura del fantasma
16- Irene Sola, Bestias
17- Marguerite Duras, Escribir
18 –Samantha Schweblin, Siete casas vacías
19 –Mario Levrero, Diario de un canalla. Burdeos, 1972
20 –Filisberto Hernández, El cocodrilo y otros cuentos
21 –Tamara Silva Bernaschina, Desastres Naturales
22 -Elaine Vilar Madruga, El cielo de la selva
23- Julia Viejo, Anidan minerales
24- Julio Ramón Ribeyro, La tentación del fracaso
Libros mios:
25- Daniela Catrileo, Río herido
26– Tamara Silva Bernaschina, Larvas
27- Fernanda Trías, Miembro fantasma
28– Marguerite Duras, El amante
29- Alejandra Pizarnik, La extracción de la piedra de la locura. Otros poemas
30- Selva Almada, Una casa sola
31- Alia Trabucco, Las otras
Libros de Guadalupe:
32- Peter Stam, En jardines ajenos
Libros de Julia:
33- Robin Myers, Poquita fe
*
De curiosa y de ahora declarada fan, tomo el libro Prosas apátridas .de Julio Ramón Ribeyro.
Abro la página 54 y Julio me da otra lección:
“La cultura no es un almacén de autores leídos, sino una forma de razonar”.
d28
Rematando libros.
Se me viene el remordimiento de no terminar algunos que abrí.
“No más libros, quedan solo dos días”, me digo. Basta.
Hasta anoche que encontré otro: “Cuando las mujeres fueron pájaros. Cincuenta y cuatro variaciones sobre la voz” de Terry Tempest Williams.
54
54
54
La madre.
Un libro sobre ella y sus 54 diarios en blanco.
54, 54, 54
No puedo no tomarlo.
*
En el breve libro de cuentos del uruguayo Felisberto Hernández, encontré un cuento donde un señor invita a un pianista a su casa para que pueda conocer a su hija que, encerrada, no puede salir por razones de salud mental. Lo que hoy llamaríamos agorafobia. Se queda y pasa la noche en esa casa. Lo mismo sucede en otro cuento se Peter Stamm, donde en vez de una hija, este hombre le ofrece tres. Un autor latinoamericano del siglo XX escribe sobre rieles temáticos similares a otro europeo, suizo para ser exacta, del XXI.
*
Les regalo una foto que nos tomamos Juli, Guadalupe y yo.
Juli nos regaló un poema.
Dice:
Guadalupe astronauta
Fran Espejo.
*
De las lecturas:
-Lo mejor que no leí antes fue Sofoco de Laura Ortíz y De ganados y de hombres de Ana Paula Maia.
-Tarea para los próximos meses: entrevistar a Tamara Silva para nuestra revista Raza Cómica.
-Misión ética: Devolver unos libros que me llevo secuestrados porque no alcancé a terminarlos. No robar.
-Inolvidables poetas: Juana Bignozzi y Juan Gelman.
-Libro talisman: La tentación del fracaso de Julio Ramón Ribeyro. Mi compañero de habitación todo este mes.
d29
Desarme del estudio. Guardé los collages en el cuaderno rojo.
Hojas sobre hojas.
Allí están bajo este computador anciano para que se aplasten y lleguen bien a Santiago.
Pienso que podría escanear esto como lo puse y armar un objeto, un libro hijo, un anexo centrado solo en esas imágenes armadas con la basura.
Más y más ideas por llegar a hacer.
Mejor calmar las pasiones. Pienso que llegaré, me bajaré del avión, iré a casa, que debo reconocer ese espacio, los cuerpos que quiero y al día siguiente, como si nada, ir a trabajar. Ir a la oficina, caminando, como si nada.
Caminar desde mi casa en la avenida principal de la capital hasta la universidad, pasando por el palacio de gobierno que ahora está habitado por un presidente de extrema derecha que días después, mientras relea estas palabras para este envío que va tarde, dirá que los libros no sirven para nada.
Una mentira como testimonia todo esto que quedó acá.
*

Diario del tiempo
Una estancia en la Residencia Literaria Finestres
d1
Me instalo en una casa habilitada para escribir.
Mis dedos se toman su tiempo para acostumbrarse al teclado, que he abandonado hace casi un mes. Cada una de esas diez partes se mueven torpes, lentas, reconociendo el territorio que les hace hablar.
Durante las últimas semanas escribí a mano. En ese gesto de archivo ansioso se activaron otras sensibilidades e inquietudes como volverse a entender ante una improbable nueva lectura; captar aquello que queda latiendo de un día al siguiente; la versión de esos días.
Una libreta roja horizontal para lo cotidiano y lo que se escapa, que es mucho.
Una libreta negra rectangular para seguirle las huellas a un escritor chileno en España.
La primera a dos manos. La segunda a cuatro manos y mucho amor.
d2
Contrasta el calor de la casa con el gris que cubre el horizonte. Esa capa de color no aminora la belleza del lugar al que no me apresto a salir. Hoy será día de adentro.
Sigue el acostumbramiento a la comodidad, a la disposición, a lo propicio que es todo para tomar cualquiera de los platillos que mantengo girando, cada uno de los proyectos que tengo y como me gusta llamarles.
Me aconsejan que me meta en uno. Solo en uno. Que me concentre. Por el contrario, quiero entrar en todos e iniciar otros.
La latencia de lo que se escribe, la ventilación que necesita cada uno, su fermento. Leudar.
Estaré probando distintos textos que estoy preparando, viendo si las letras se hacen entender después de un tiempo de abandono. Si cobran sentido.
Anoche leí uno de los cuentos y se me hizo extraño, como el mismo acto de teclear. Una mirada, una segunda y logré entender. Leí para mis compañeras de taller y para nuestra maestra, Gabriela Cabezón, y vino el silencio. ¿Qué se dice sobre un cuento sobre un niño abusado por su padre? Esta historia, si alguna vez llega a publicarse, ¿qué herida puede abrir en esos niños que fueron mis compañeros de colegio?
*
Este es un diario. Llevo otro en una libreta en la que escribo a mano. Llevamos otro sobre Roberto Bolaño, una pequeña cosa de unas treinta páginas que no pensé que lograríamos completar, o casi hacerlo. Uno de los platillos será también una especie de bitácora de lectura. Hay otra de unas fotografías. Diarios paralelos, contenidos segmentados. El increíble tiempo para entrar en ellos. Las futuras detonaciones de ideas y dispositivos. Muchos dispositivos, por favor.
*
¿Cuánto pueden darnos las palabras de otros?
*
Uno de mis compañeros de residencia habla de sus libros, de algunos de sus referentes en el ámbito de los diarios. En la biblioteca hay una sección dedicada a ellos. Nos recomienda uno de Coetze. Medio de la nada habla que desde su quinto libro, recién, pudo denominarse y reconocerse como escritor. Recién. Cinco libros publicados por editoriales grandes y recién.
*
Comienzo una de las cosas que me propuse hacer acá: la escritura de lo que salga de la lectura de la página 54 de algunos libros. Es un juego por la insistente aparición de este número en mi vida. Traje las páginas 54 de los libros que ocupan ese orden en mi biblioteca, tanto si se cuenta de abajo a arriba y de izquierda a derecha. Sumo otros libros que encontré en el viaje por países de Europa antes de llegar acá, otros provenientes de la mismísima biblioteca de Sanià
Si bien es un juego, jugarlo me pone nerviosa. Me rio y me atemorizo. He esquivado empezarlo todo este día. Me propuse hacerlo esta tarde, cada tarde de ahora en más, una vez al día.
Ahora que comencé noté algunos gestos que no tenía previstos:
-La necesidad de dar las coordenadas precisas del libro y su edición. De esto, de estás condiciones materiales depende qué página 54 sale en cada ejemplar.
-La transcripción de la frase elegida para el juego. Será entonces parte del juego volver a escribir lo que ellas y ellos tipearon alguna vez para el libro. Será como un mantra menor, con menos repeticiones pero con repeticiones al fin. ¿Alguien escribe pensando que habrá otro repasando lo ya tipeado? No creo.
*
¿Qué lugar tiene la edición en un diario?
*
Los libros como disparos, como detonantes.
Una patada.
Un: “si tuvieras que elegir entre esto y esto sí o sí, ¿qué harías?”.
d3
Me aproximé al mar. La comodidad de la casa puede ser una trampa.
Pasada una fase breve e intensiva de aclimatación, quise moverme.
La escalera sinuosa. La fuerza del agua en el horario al que llegué. El Mediterráneo como banda sonora de una lectura situada en otro territorio, acompañada de otras aguas.
Sigo adaptándome a la idoneidad del contexto, por sobre todo al tiempo disponible para escribir. Es un idilio contar con él. Tan especial como abrumador.
*
Los caminos se siguen abriendo. Hoy caminamos con Juli y Gabi por un tramo breve del camino de ronda. La naturaleza inspira y ventila la mente. Llegamos al mar, a la playa.
Que venga el rayo de sol a darnos el pase para zambullirnos. Pero no. El agua está fría. Nunca tanto como el Pacífico.
*
Aprendo a jugar con Ploma y Sam. Esta noche Sam, el sabio de la casa, se sentó al lado mio. Sentí una especie de protección.
d4
Una cosa había sido compartimentar la cabeza, armar carpetas para cada proyecto. Otra es, ahora, tener tiempo para entrar en cada una de estas covachas. Para no perderme de ninguna, he puesto masking tape con los nombres de los proyectos en la mesa. Las moveré a las maderas de la ventana. Estaré decorando esta mesa con ocurrencias.
Una de las ocurrencias es que los papeles sobrantes de algunos recortes los estoy poniendo en hojas. De la inminente basura armo collages. Cada materia, incluyendo las servilletas que limpian nuestras bocas, la estoy usando para armarlo s. ¿Será que me estoy aferrando a cada miniatura, sobrecogiéndome en la posibilidad de la dedicación?
Leo, me inspiro. Admiro la construcción de cada proyecto literario que estoy rozando, ingresando a mirar sutilmente.
En esta aproximación tipo puzle a los proyectos, a mis platillos que giran, olvido algunos ya cerrados. Después de paridos hacen que me olvide de los otros. A veces vuelven. Ayer se publicó una entrevista a propósito de Kayser. Debo volver a mirar ese libro.
*
Me llevo más y más libros a la cama. Me gusta dormir con ellos.
Los picoteo, leo por episodios. Me afano. Quiero tenerlos todos a mi lado.
d5
Cumplo con mi promesa personal de bajar a saludar el mar cada día. Llueva o truene, iré a escribir una línea, leer otra.
El rocío moja las páginas de estos ejemplares. La casa los secará con el calor de hogar al que vuelven. Algunos quedan retenidos en mi habitación o en el estudio. Los usaré para el proyecto.
También les pediré a mis compañeros que elijan un libro suyo y hacer el juego. Cincuentaicuatrizarlos.
*
Hoy hablamos con Juli sobre su poesía. Me gustó mucho. Breve, directa, cotidiana y profunda. Hay trazos familiares y personales.
*
Por primera vez comí conejo. Pedí un deseo.
*
Una caminata con Guadalupe. La lluvia nos acompaña. El viento también. Salimos a ventilar unos problemas menores. A mover las piernas. Mucha quietud sienta la culpa de no hacer ejercicios.
Estamos atentas a que el tiempo cambie y podamos ir al mar a bañarnos.
*
“Todo diario íntimo es también un prodigio de hipocresia”.
Julio Ramón Ribeyro
La tentación del fracaso.

d6
Esta vista al mar es con espejos.
La luz rebotando en los rebotes.
Este ritual, esta vista, serán muy extrañados, como las agüitas de hierbas y la comida deliciosa.
Sigo leyendo “La tentación del fracaso” de Julio Ramón Ribeyro. Encuentro allí muchas sustancias útiles. Empatizo con un señor muerto, con la versión de su juventud en los años 50. Esas miradas intimistas trascienden. ¿En qué medida lo vivido es de interés?
Es una como material. Un quite a la producción de ficción siendo esta también ficción. Nada es verdad. Tampoco es necesario que lo sea.
Sigo tomando libros breves de la biblioteca. Que sean breves es el antídoto -más bien, mejor, paliativo- para mi ansiedad sobre el uso del tiempo. Los leo por fragmentos, a mordiscos, saltando casillas, como en el luche (rayuela). Finalmente todos los libros dialogan, se salen de sus páginas a las conversaciones con los chicos. Es parte de la magia -o locura- que provoca la literatura. La materia prima del proyecto que estoy trabajando como diario alternativo a este, el oficial. El otro, entonces, ¿también es un diario o es un diario de un diario?
*
Hoy fuimos a Palamós. Tenía curiosidad sobre cómo era. También necesitaba un enjuague bucal pero por sobre todo quería ver el pueblo. Me gustó. Espero ir de nuevo y recorrer más. Sentarme en un café a leer. Aunque me lo pienso mejor. Esta casa es un imán, es atrapante. Cada rincón es propicio para especular.
d7
Hoy salimos a la playa. Fue satisfactorio caminar, meter los pies al agua, caminar sobre las piedrecillas que cubren esa bahía. Dolor (pequeño) como detonante de la escritura, o lo que Juli y Guadalupe han descrito como una práctica faquir.
*
Me gusta recordar así, esporádicamente. Es un pequeño antídoto a mi forma de vida ingrata.
*
Escribo falsamente, en clave. Quizás en ese ocultamiento algunos puedan reconocerse y elucubrar recuerdos propios.
*
Sigo con los collages. Es que tengo muy buena basura en mi cuarto propio. Ya no son solo los pedazos de las páginas que traje escaneadas. Se unen boletas de lo que compré en Palamós, los pasajes de Chile, el seguro, la basura de Julia…

d8
Día de caminata. El cuerpo vuelve al movimiento en una soledad relativa.
Se me juntan los diarios. Esta, de hecho, es en parte una transcripción del verdadero diario íntimo, del que escribo a mano.
Me abro a compartir esto que es mínimo.
*
Voy despejando la culpa de leer más que escribir. Estas lecturas son para rumiar lo otro. Es para la extracción de ideas y relaciones. Es mi materia prima.
*
Caminamos los cuatro. Hicimos una primera foto juntos.
Llegamos a unas calas del sur, ¿o del norte? Un buen tramo hasta la playa del grito, tema que trabaja Gabi. Nos desafía a gritar. Nos invitó, más bien. Eso hicimos. Fue hermoso y liberador. Un encuentro con la voz acallada en este silencio que es parte de los lapsos imperantes de soledad.
d9
Conseguí -o estoy consiguiendo- armar una rutina. La caminata-lectura como facultad dejada por unas semanas, hoy se reactiva. Caminar y leer. Leer para escribir. Mover el cuerpo para no sentir culpa. Cuando ya se me configura este método, bajo por un café antes de aplicarla, de salir. Llego a la fabulosa máquina que los prepara y veo que es otra. Tengo que volver a mirar para confirmarlo.
En este microclima, microespacio, microparaíso, cualquier cambio llega a ser notorio. Especialmente los mínimos.
Logro afirmarme a esta rutina que tendré que desandar en unas semanas. Pero mejor tenerla.
*
Han pasado diez días y siento que son cuarenta. En el buen sentido. El tiempo distinto y amplio; un tiempo grande, tan graaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaande,
demasiado disponible, como un tesoro que estoy tomando con ambas manos.
*
La salida diaria la hice en la tarde. Caminar, leer.
Sam, Ploma y Ari llegaron a la playa. Jugamos.
Ploma y su cuerpo de joya al mar. Cuanto placer en ese gesto. Sam siempre más retraído, solemne.
Desde el bosque aparece un helicóptero. Primero en sonido y luego en materialidad.
Viene bajo, demasiado bajo. Se viene sobre nosotras, de verdad.
Sigue bajando hacia la playa, se cae, se cae. Me cubro la cabeza y me muevo tratando de esquivar ese enorme insecto de metal.
Antes de caer al mar hace una curva cerrada y sigue en dirección a Palamós.
Se mueve como una mosca errática sobre cualquier cosa. Se mueve como un auto conducido por un borracho. Luego lo perdemos de vista.
*
Me faltan números 54 impresos para los collages. Los estoy armando con los números de las boletas de las cosas que compré Palamós. Sigue siendo mi exquisita basura.
d10
Salida de mañana a matar libros. A concluir unos para tomar otros.
Sam me sigue, me honra con su compañía. Siento una protección al ir con él a la playa. Su compañía es la de un mudo.
El Libro del desasosiego de Fernando Pessoa me habla. Me toma la cara y le dice:
“Este libro extraño como portalones abiertos es una casa abandonada”.
Y sigue:
“Te ofrezco este libro porque sé que es bello e inútil (…) -puse todo el alma en hacerlo, pero no he pensado en ello mientras lo hacía”.
“Y porque este libro es absurdo, lo amo, y porque es inútil, lo quiero dar, y porque de nada sirve, quiero ofrecerlo y te lo ofrezco…”.
*
Estoy sugestionada. Entre boleros de Lucho Barrios y otros libros que subo a mi cama, encuentro rastros de mi vida en ellos. Creo que en este estado las cosas se vuelven homologables.
Canto.
*
Aparecieron los resultados de la siguiente cohorte de la residencia. Me llegan algunos mensajes con los ánimos caídos por no quedar.
Me cuesta responder estando acá mismo. En esta comodidad, con este nuevo tiempo entre manos.
Sigo pensando que todo pasa, que las cosas se adjudican, por “el juego de la viroca”. Que hay mucho del calor del momento de quien revisa. Mucho del azar de esa subjetividad observadora.
En esa ruleta salí y estoy acá.
Por mis cuentos estoy acá.
Por el desierto.
Esta versión que estoy escribiendo sobre ese territorio magnético.
d11
Extraño amanecer. La muerte en la puerta de la familia de Gabi. Tendrá que partir a Sevilla. Es curioso cómo nos comportamos ante eventos como estos y frente a personas que a fin de cuentas son desconocidas.
Pienso en mi abuela y lo que le pedimos con mis tías: que me espere que vuelva. No vaya a ser que se muera estando tan lejos.
¿Qué haría?
Pienso que me quedaría. Le pediría un buen abrazo y caminata a las chicas, prendería una vela, escribiría algo para ella. Le diría a J y a Elita que vayan un momento a dejarle una flor al lugar donde la encuentre el final. El final de la vida de la madre de mi madre muerta.
Podría sumar la lectura de un cuento que le dediqué.
Podría ser un episodio de un nuevo libro. Un poema, un cuento, una entrada de un diario escrito a 11 mil kilómetros…
*
Voy a la cala de Gabi. Es cómoda para leer. Voy con el libro de ensayo Las otras de Alia Trabucco. Uno de los textos es sobre su abuela y su bisabuela. Pienso en esa herencia, en cómo forjó el caracter de su madre, mi querida maestra Faride Zerán quien me empujó a escribir y publicar.
La fuerza de las mujeres y el empuje que le dan a otras.
Siempre gracias.
*
Sola en la cala, tranquilidad. Uno que otro pájaro moviendo las hojas sin ser el viento.
De la nada sale una cabeza del agua.
Estoy con las piernas flectadas, con el poto al aire en dirección al mar, justo desde donde emerge una cabeza. Recojo las rodillas. Me cubro. Se asoma más. Prefiero saludar. El cuerpo saca las manos, y entre ellas un pulpo.
Le grito que hola y que qué va a hacer con el ser vivo que trae. Juego un poco, me dice. ¿No te lo llevas, cierto? Responde que no, que lo va a dejar. No le hagas daño, que ellos sienten todo.
*
Hoy sirvieron paella. Solo acá puedo decir que ese venerado plato no me gusta tanto. En la mesa me hubieran linchado.
Aparto los trozos de pulpo que andan por ahí.
d12
No quiero saltarme un día de escritura de este diario. Sentiría que es un desaire, un gesto desagradecido.
*
Un diario inventado podría ser ese: escribir esa frase –“no quiero saltarme un día de escritura de este diario”– cada uno de los treinta días.
Intentaré hacerlo a mano y adjuntarlo como imagen.
Un nuevo subdiario. Banal y visual.

*
Hoy Miquele me hizo las fotos. Iba a ser ayer pero no se pudo. La luz y el viento se opusieron. Coincidentemente, esta noche escribiré mi entrada 54 de Imagen Fantasma de Hervé Guibert. Tengo varias ideas sobre esto. Todo en torno a la foto y los afectos.
*
Mis cabellos como medusas buena yendo al lente de la cámara.
*
Ribeyro sigue teorizando de cosas que me ayudan. Gracias Julio.
d13
Llegó Pol Guasch. Muy simpático y amable.
Por su visita, Ari se sentó en la mesa con nosotros. Al fin.
También, activaron un recuerdo de infancia: desgranar habas.
El olor de sus fibras en las uñas hasta el día siguiente.
Los pedazos de pintura de uña roja, minúsculos, sobre las vainas desfloradas.
Sacar aquello que comeremos. Tocarlo antes de que pase a nuestro interior.

d14
Día de viento tramontana.
Intensidad tal que algunos árboles de la casa han caído de cuajo.
Ari comenta que a algunas personas este viento los pone locos.
No logro reconocer el grado de afectación que pueda tener en los seres humanos que me rodean.
En el mar es evidente. El sol no logra sacarle destellos; solo pinceladas blancas por lo picado que lo pone.
*
Tomé el ensayo Escribir de Marguerite Duras. Comienzo a leerlo y encuentro una frase que me ha aparecido en varios epígrafes de libros y en redes sociales. Repetida o no, cliché o no, en este momento me sienta bien: “La escritura nunca me ha abandonado”.
*
Sobre lo de escribir “a ciegas”, Duras me dice algo: “No tener ningún argumento para el libro, ninguna idea de libro es encontrarse, volver a encontrarse, delante de un libro. Una inmensidad vacía. Un libro posible. Delante de nada. Delante de algo así como una escritura viva y desnuda, como terrible, terrible de superar. Creo que la persona que escribe no tiene idea respecto al libro, que tiene las manos vacías, la cabeza vacía, y que, de esa aventura del libro, sólo conoce la escritura seca y desnuda, sin futuro, sin eco, lejana, con sus reglas de oro, elementales: la ortografía, el sentido”.
d15
“No quiero saltarme un día de escritura de este diario”.
*
Esta es solo una de ellas. Julia llega con “la palabra del día” de la RAE.
Hoy toca: “chozpar”.

*
Especulamos sobre cómo sortean la palabra del día, si es que acaso esta debe tener algún grado de pertinencia con el contexto, si así sería mejor.
A la única conclusión que llegamos es que lo que deberían hacer es poner a un señor viejito -porque todos los que trabajan allí deben serlo- en una transmisión de Instagram, en vivo y en directo, para todos los países de habla hispana, a sacar la palabra de una pecera. A la antigua.
Sería un acto de transparencia por el bien de nuestra lengua.
d16
Algo de desazón y sentimiento de encierro.
Debo tomar esto con calma. Tomar de nuevo el tiempo ancho con las manos.
Es el efecto que nos habían advertido, es la mitad de la estancia.
Me faltan tres cuerpos cerca.
d17
Creo que me salté más días de lo previsto. Puede que los días hayan comenzado a solaparse.
Los libros siguen operando como respuesta.
Dan luces, tiran chispas.
Hice uno de los 54 y me complicó. Me metí sola en un callejón. Nadie me seguía necesariamente. No estaba en peligro pero me descompuse. El decante de este sentimiento irá a parar al otro diario o lo abandonaré.
De nuevo Marguerite Duras me dice: “No tener ningún argumento para el libro, ninguna idea de libro es encontrarse, volverse a encontrarse, delante de un libro. Una inmensidad vacía. Un libro posible. Delante de nada. Delante de algo así como una escritura viva y desnuda, como terrible, terrible de superar”.
No quiero que los temas que se abren hagan que la escritura me hiera.
¿O sí?

d18
Es el día del padre en España. Es por San José, el padre de Jesús.
–“El padrastro”, aclaro riendo en la mesa con los chicos. No había caído en cuenta de este parentesco.
*
Hoy es noche de murciélagos. No había visto. Son tan notorias sus alas.
d19
Caminata a Palamós. La geografía del lugar es alucinante. Hablamos sobre cuándo se puede aburrir una de ver esta inmensidad en los colores que se presentan.
*
Una de las compras para la certeza: un test de embarazo.
No solo se descompaginó el tiempo.
También, algo, mi cuerpo.

d20
Comencé a escribir lo que viene en los 54 que sé que no alcanzaré a hacer acá. Un pequeño ritual de preparación porque no podré consultar estos libros más adelante.
Estos mismos. Los de esta biblioteca.
d21
Inicia la cuenta regresiva.
d22
¿Cómo afrontar una semana contradictoria?
Que no acabe este idilio.
Las ganas de volver a la civilización. Algo de nostalgia de casa.
Los tres cuerpos que necesito insisten.
*
He tenido mañanas en las que despierto y no sé dónde estoy. Salir de un sueño profundo y no reconocer el espacio. Ese desconocimiento, ¿es mala inquietud o reflejo del descanso?
Sigo con el diario de Julio Ramón y aparecen más respuestas. En un momento, hasta compartimos la edad.
Siento desgaste creativo.
Me meteré a otros escritos para refrescar la mirada del proyecto.
No abandonar los collages. Sigue habiendo basura para hacerlos.
*
Mis compañeros me sugieren algunos libros de estructura fragmentaria. No sé si es lo que me gusta más como estilo, aunque ahora esté escribiendo uno con algo de eso.
Lo más fragmentado que he escrito es poesía.
Puede que haya empezado esto por el juego y por la búsqueda del fragmento como forma. Escribir, entonces, siempre se tratará de probar.
*
El ocaso de un día, en este caso es de un mes, como momento de balance.
Soy pésima para esto. Haré lo posible.
Mi experticia: vivir saltando de destello en destello.
Bajaré esta intensidad al volver a Chile.
Probar la continuidad. Cada día como un campo de sentido. No levantar puntos de chequeo para acelerar. A sentarme. A quedarme.
Todo es compatible con sembrar hitos e intereses como drogas menores.
*
El mar hizo lo suyo. La limpia para volver a las gratitudes.
Escribir a mano tiene su poder.
Se piensa de otra forma. No hay mediación, hay un instrumento que conecta la evocación del pensamiento con la fragilidad de un papel.
El lápiz puede llegar a ser ayudista y opositor.
Es esencial su forma de correr. La disposición de la tinta, si logra acompañar la velocidad del pensamiento ya reducida por la posibilidad real que tiene una muñeca y una mano de traducir lo que transcurre en la mente, que siempre va más rápido.

d23
¿Cómo volver a trabajar tras vivir esto?
Me han pasado cosas peores… pero me da curiosidad cómo será el contrapunto.
*
Últimos días de playa.
Acá llega el sol. En mi casa, se aleja dando paso al frío.
Escribir a mano. La poesía es posible así. Del pensamiento que logramos agarrar hasta el lápiz.
*
Quedan días para cosechar citas. Buscar y volver a mirar en los libros que gustosamente leí en esta casa y que prometí no robar.
No lo haré.
Me llevo las citas que se tejen en el proyecto de juego que comencé.
Dejo esas marcas para otras y otros, para jugar con ellas también.
Mis rastros lectores como aporte a las autopsias que podemos llegar a practicarles a los libros, a los infinitos libros que son la principal ventana de esta casa. La vista a esos mundos que se guardan y abren en la biblioteca.
d24
Se evidencia la primavera. Los días duran más, la luz se expande en las tardes. En Chile será todo lo opuesto.
Se acorta el tiempo de lectura. Será lo que logre terminar.
Todos estos libros han dormido conmigo. Han sido simulacro de los cuerpos que extraño.
Me voy con un saco de imaginarios que no conocía, habiendo pegado algunas cuotas de deuda de lecturas fundamentales.
Eso acorta lo que he denominado “lo que dejaré para leer cuando me jubile”.
*
Me acompañan algunos insectos. Una araña chica cerca de la puerta; algo que creo es un chinche de arce (¿acá hay arces?) en el escritorio; y una insistente hormiga y sus gemelas en las aureolas del té con miel en el escritorio.
(Perdón a Mari por tantas manchas de lápices, pegamento y líquidos acá)
También está conmigo en esta sala junto al computador Robin Myers y su poesía de lo profundamente cotidiano.
Un diario es algo como esto, también. Al encontrarnos tan ensimismadas, algo se activa en la sensibilidad que invita a la poesía.
*
Voy por un mate.
(Otra vez, gracias Mari)
En la cocina reposa un cajón de arvejas (guisantes).
Nos ponemos a desgranar con Ari, Sam y Ploma.
Arvejoterapia y los consejos de Ari para concretar la idea de ir a Cadaqués una vez que salga de Sania.
*
Un día de escape a la ciudad, al pueblo grande.
Pablo me lleva a la estación de tren. Conversamos (¿con nostalgia?) de algunas cosas del pasado, sobre todo de las razones que nos llevaron a estar a ese momento.
La distancia de nuestros países.
El tren sigue siendo gratis. Me alegra ver otros paisajes que mezclen lo urbano y lo rural. Me parece que iré en búsqueda de zonas así en Santiago. Esas fronteras porosas donde lo vegetal se abre espacio y es prueba de un pasado sin urbe.
Voy acompañada de la novela de Elaine Vilar Madruga y de bastante gente y sus ruidos. Niños, normal.
Gente conversando, normal.
Mujeres tratando de interactuar con los niños, normal.
Lo extraordinario fueron dos cosas: el olor apestoso de mi compañero de asiento en el tren, donde afortunadamente pude ir sentada para leer; y la llamada a los gritos de una mujer. En algún momento creí que había una pelea. Muchos volteamos porque eso parecía. ¿Cuándo sacan los estoques, como en la Alameda de Santiago?
Pero no. La mujer -que no conseguí ver- peleaba a los gritos con otra persona.
¿Cómo no le cortaban la llamada?
¿Qué pasaría cuando se encontraran en persona?
Quizás era la forma de relacionarse o alguna especie de deporte secreto aunque público que buscaba desconcertarnos.
*
Llegué a Barcelona. Cambio rotundo en el paisaje.
Gente, mucha.
Paseo de Gracia y el horario de la salida del trabajo. Mini momento de engentarse. Nada que un café y un canelé de Paul no pudiera subsanar, junto a la entrañable compañia de Paola Lagos, queridísima chilena que vive acá.
Luego el lanzamiento de Una casa sola.
Selva es la calma. Si en el libro de Elaine este paraje es un hambriento devorador, esta mujer es toda paz.
La entrevista sobre el libro me pareció algo incompleta aunque, al igual que cualquier ficción es una versión, lo es también una lectura. No hay lectura de completitud posible. Los libros son fuente inagotable de interpretación, sino todo estaría hecho y las copias que somos de otros estarían por extinguirse.
*
Un paseo con Vale. Necesitaba caminar.
Me alegra encontrarla tan bien, clara, trabajando en lo que siempre quiso. Me alegra mucho. Le tengo un especial cariño y aprecio.
Con Vale siempre tenemos conversaciones reveladoras sobre la vida.
Vale es lectora de los diarios de la residencia
Le pregunto:
Ella responde:
d25
Leí algunas noticias sobre recortes presupuestarios en cultura en Ecuador.
Se vienen en Chile que me espera (¿me espera?) con un gobierno de ultraderecha recién asumido.
En esta estancia he evidenciado lo periférico de nuestro ecosistema del libro, su caja de resonancia interna. La provincia que somos.
Pequeña, llena de amiguismos.
También, al mismo tiempo, llena de empeños increíbles por poner nuevas voces a circular.
A esta provincia la he visto crecer y complejizarse.
También aprendo mucho de ello desde el periodismo allí.
Mirar un poco acá por esta oportunidad de la residencia me dejó por un momento un amargor.
Ver desde acá, desde la distancia y el extrañamiento, la provincia que somos.
Ahora me parece bien. Todo a sus escalas. Ojalá que las editoriales pequeñas se vengan vinculando para circular acá. Lo mismo las autorías.
Más diálogos.
Ayer Selva Almada contó algo sobre lo que hace con Salvaje Federal, el proyecto de librería con énfasis en autorías de provincia. Un siguiente paso para ellos ha sido que las ferias de libro de las regiones integren en diálogo a las y los locales. No separarlos de las “grandes estrellas” que invitan.
Algo así pasó en esta cohorte de Sania: consagrados, locales y desconocidos.
Somos un mix y eso es lindo.
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Ahora, ahora me salen las reflexiones.

Antes estaba en una especie de piloto automático en el desconcierto de lo que en definitivaha sido esto: el tiempo.
Veo que este modus operandi no siempre es malo.
¿Quién finalmente está tan consciente de todo lo que hace?
¿Cuánta receptividad podemos entregar?
¿Cuánto de lo que tenemos en mente logramos captar?
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Sol rotundo con viento enloquecedor. Está bien salir un poco a la locura, o su posibilidad.
Se acaba el mate. Debo acabar los libros. Terminar de extraer sus citas.
Luego, a la coctelera de la mente. A la sumatoria de platillos giratorios de los proyectos pendientes.
Quizás deba hacer un “ranking” de lo que leí. Si algún visitante del futuro llega a leer esto, podría guiar que tome algún libro que me gustó. Dejar allí latiendo mínimamente un nombre de algún autor o autora. Ojala autora.
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Pronto debo desmontar este estudio.
Alejarme del sofá. Los estiramientos, el sol que me recluye a una orilla de la mesa.
Será como guardar los días experimentados.
Los collage y sus menciones son una especie de postales de los libros que miré o leí completos.
Serán otra forma de testimoniar su lectura.
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Comienzo a permitir filtraciones en mi campo magnético de dedicación exclusiva a la lectura y escritura. Profano el pacto e inicio con algunos trabajos que debo retomar para abril. Lo pongo solo porque me quedó sonando una cuña de mi amiga escritora Arelis Uribe sobre su producción literaria. Dice: “escribo más de lo que el capitalismo puede publicar”.
Intenso, provocador. Algunos dirán pretencioso.
Pienso en los flujos de la publicación.
En estos días me suscribí a una serie de boletines de editoriales y llegan y llegan y llegan. Me gusta mucho estar al tanto de las novedades editoriales pero en esa lectura rápida que logro hacer de ellos, temo no recordar nada. No retener nombre, título, tema. No llegar a encontrarme con esos libros. Como remedio a este abismo banal, anoté algunos nombres y títulos que me recomendó Diana, amiga editora de la casa que vino a visitarnos. Esos sí los conseguiré.
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Los newsletter de las editoriales son, a veces, nuestras cartas de amor.
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Ari me da un hermoso titular o verso para algún poema:
“Un cementerio de pelotas”.
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Con un poco de nervios y tras leer los dos primeros capítulos, inicio el tercero de la novela “Archivo Quilpueíno”.
Lo que leí me gusta pero hay muchas aperturas.
Este capítulo será de cartas de un personaje a otro, viendo allí cómo completar lo fundamental. Es bueno dejar espacios para que quien lea imagine, especule. No poner todas las piezas del edificio; que tenga lo suficiente para sostenerse.
Pienso en estas cartas, cuyos primeros párrafos comienzo a escribir, como un ensayo para otro proyecto, un nuevo platillo.
Tengo unas cartas que escribió mi mamá a mi papá. Quiero ir completando con ficción lo que pasa entre un mensaje y otro, sin haber leído todo el corpus. Ir a ciegas para que la inventiva ate las temporalidades. Esto será cuando me atreva a entrar en los contenidos de estas cartas; a conocer ese amor enigmático.
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También he ampliado la lista de ideas para unos cuentos sobre cosas extrañas que vi en algunos viajes. Son destellos de recuerdos que encuentro en chistes de Guadalupe, en la ida a Barcelona, en las anécdotas de Pablo, en cosas pequeñas que me provocan, como cuando despiertas en una habitación sin saber dónde estás, darme cuenta que estoy fuera de casa. El extrañamiento.
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Guardaré 13 textos de borramiento, 4 frases escritas a mano que no puse en ningún collage, 42 collage de basuritas, 33 libros leídos, 21 autores que no leí antes, 10 que sí.
Sé sumar. Hay dos autores que leí dos veces.
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Un amigo me manda un audio contándome que tuvo en sueño en el que estaba en un lugar de libros usados. Allí, un libro de anatomía. Lo toma con sus manos, lo hojea. La parte del cuerpo que le aparece primero es una muela, fea, picada. Luego sigue y ve que es este diario que estoy escribiendo ahora.
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Arqueo de lecturas
Libros de esta biblioteca:
1- Laura Ortíz Gómez, Sofoco
2- Ana Paula Maia, De ganaderos y de hombres
3- Silvana Vogt, El fino arte de hacer monstruos
4– Cesa Aira, Artforum
5– Elaine Vilar Madruga, La tiranía de las moscas
6- Magalí Etchebarne, La vida por delante
7- Eliana Hernández y María Isabel Rueda, La mata
8- Hervé Guibert, Imagen Fantasma
9- Marosa Di Giorgio, Flor de Lis
10- Clyo Mendoza, Silencio
11- Juan Gelman, Gotán y otras cuestiones. Poesía I (1956-1962)
12- Juan Cárdenas, Los estratos
13- Juana Bignozi, si alguien tiene que ser después
14 -Héctor Libertella, La arquitectura del fantasma
16- Irene Sola, Bestias
17- Marguerite Duras, Escribir
18 –Samantha Schweblin, Siete casas vacías
19 –Mario Levrero, Diario de un canalla. Burdeos, 1972
20 –Filisberto Hernández, El cocodrilo y otros cuentos
21 –Tamara Silva Bernaschina, Desastres Naturales
22 -Elaine Vilar Madruga, El cielo de la selva
23- Julia Viejo, Anidan minerales
24- Julio Ramón Ribeyro, La tentación del fracaso
Libros mios:
25- Daniela Catrileo, Río herido
26– Tamara Silva Bernaschina, Larvas
27- Fernanda Trías, Miembro fantasma
28– Marguerite Duras, El amante
29- Alejandra Pizarnik, La extracción de la piedra de la locura. Otros poemas
30- Selva Almada, Una casa sola
31- Alia Trabucco, Las otras
Libros de Guadalupe:
32- Peter Stam, En jardines ajenos
Libros de Julia:
33- Robin Myers, Poquita fe
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De curiosa y de ahora declarada fan, tomo el libro Prosas apátridas .de Julio Ramón Ribeyro.
Abro la página 54 y Julio me da otra lección:
“La cultura no es un almacén de autores leídos, sino una forma de razonar”.
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Rematando libros.
Se me viene el remordimiento de no terminar algunos que abrí.
“No más libros, quedan solo dos días”, me digo. Basta.
Hasta anoche que encontré otro: “Cuando las mujeres fueron pájaros. Cincuenta y cuatro variaciones sobre la voz” de Terry Tempest Williams.
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54
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La madre.
Un libro sobre ella y sus 54 diarios en blanco.
54, 54, 54
No puedo no tomarlo.
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En el breve libro de cuentos del uruguayo Felisberto Hernández, encontré un cuento donde un señor invita a un pianista a su casa para que pueda conocer a su hija que, encerrada, no puede salir por razones de salud mental. Lo que hoy llamaríamos agorafobia. Se queda y pasa la noche en esa casa. Lo mismo sucede en otro cuento se Peter Stamm, donde en vez de una hija, este hombre le ofrece tres. Un autor latinoamericano del siglo XX escribe sobre rieles temáticos similares a otro europeo, suizo para ser exacta, del XXI.
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Les regalo una foto que nos tomamos Juli, Guadalupe y yo.
Juli nos regaló un poema.
Dice:
Guadalupe astronauta
Fran Espejo.
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De las lecturas:
-Lo mejor que no leí antes fue Sofoco de Laura Ortíz y De ganados y de hombres de Ana Paula Maia.
-Tarea para los próximos meses: entrevistar a Tamara Silva para nuestra revista Raza Cómica.
-Misión ética: Devolver unos libros que me llevo secuestrados porque no alcancé a terminarlos. No robar.
-Inolvidables poetas: Juana Bignozzi y Juan Gelman.
-Libro talisman: La tentación del fracaso de Julio Ramón Ribeyro. Mi compañero de habitación todo este mes.
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Desarme del estudio. Guardé los collages en el cuaderno rojo.
Hojas sobre hojas.
Allí están bajo este computador anciano para que se aplasten y lleguen bien a Santiago.
Pienso que podría escanear esto como lo puse y armar un objeto, un libro hijo, un anexo centrado solo en esas imágenes armadas con la basura.
Más y más ideas por llegar a hacer.
Mejor calmar las pasiones. Pienso que llegaré, me bajaré del avión, iré a casa, que debo reconocer ese espacio, los cuerpos que quiero y al día siguiente, como si nada, ir a trabajar. Ir a la oficina, caminando, como si nada.
Caminar desde mi casa en la avenida principal de la capital hasta la universidad, pasando por el palacio de gobierno que ahora está habitado por un presidente de extrema derecha que días después, mientras relea estas palabras para este envío que va tarde, dirá que los libros no sirven para nada.
Una mentira como testimonia todo esto que quedó acá.
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Estuvo en Sanià junto a: