Estuvo en Sanià junto a:
DIARIO DE SANIÀ
Julia Viejo
2/3/2026
Cala Sanià huele a sal, como un pasadizo submarino. El parque de atracciones de la gente tranquila. En el coche me da la risa por una tontería de Nico. Hay algo poderoso en aguantarse la risa, una energía que se multiplica por acumulación.
Me han puesto en un estudio enorme con un sofá enorme y seis ventanas que miran al mar. Todo parece hecho a una escala que no es la mía, como si fuera un estudio de gigantes, o yo hubiera menguado. En la comida parloteo tan incauta que me paso de rosca hablando de mi deplorable estado sentimental. Pero cada vez me importa menos. Al subir, lloriqueo de alegría durante quince minutos.
3/3/2026
Parece ser que esto es zona de cruising. Entre un acantilado y otro, beatus ille.
He escrito un poema regular de cuando D me leyó el tarot cuando rompimos y solo salía la Emperatriz, la Emperatriz, la Emperatriz, todo el rato en todas las barajas. Por la tarde hemos ido a la playa y me he mojado los pies. La última vez que lo hice fue en mi vida anterior, así que podemos decir que hoy es la primera vez que pruebo el mar en mi vida presente.
4/3/2026
Intento escribir, pero no me concentro pensando en el sexo con C de la semana pasada. Fue muy bonito. Casi podría decirse que hicimos el amor. Pero, evidentemente, no hay amor. Casi no le conozco. Entonces, ¿qué hicimos? Hicimos como que hacíamos el amor. Todo es una ilusión, una gran fantasía donde quiero volver.
Fran me cae muy bien porque habla poco. Pero cuando lo hace, le sale ese chileno suave y cantarín con el que relata en la sobremesa la historia de una ranita invisible.
5/3/2026
Hoy llueve y me puedo concentrar mejor en la novela, pero cada vez me cuesta más narrar escenas de acción, de tensión, de trama. Quisiera contarlo todo en una larga retahíla inconexa. ¿Me estaré volviendo poeta?
Por la tarde me he comido un kiwi con pelo. Ya no sé cómo sentirme viva. Después Guadalupe me ha invitado a pasear con ella y nos hemos refugiado de la lluvia en la terraza techada, hablando de amor a oscuras, sin un triste farol. Así debe de ser ahora mismo el paisaje de mi cabeza.
6/3/2026
Gracias al mal tiempo he terminado el capítulo que tanto me estaba costando. Así que, en realidad, estos nubarrones son buen tiempo. No hay nada como cerrar cosas. No sé quién dijo: «No me gusta escribir, sino haber escrito». Pero la verdad es que a mí también me gusta escribir. Me conformo con una frase buena de vez en cuando. Creo que la globalidad no es tan importante si hay muchos momentos de brillo genuino.
En medio de la lluvia, me ha llegado la liquidación de mis traducciones de novelas eróticas. He ganado cinco veces más de lo que creía: lo suficiente como para cubrir los meses que voy a estar escribiendo sin trabajar este año. Feliz y empapada, subo la escalera dando botecitos.
7/3/2026
Me acabo de terminar El volumen del tiempo, de Solvej Balle, que trata de una especie de Día de la Marmota: un bucle temporal de un día en el que queda atrapada la protagonista. Pienso que repetiría gustosamente cualquiera de estos días, hoy o ayer.
Por la tarde vamos a Palamós, todos apiñados como colegiales en el coche de Pablo. Mientras sorteamos los baches, recibo unas fotos de mi hermano desde el Congreso Nacional de la Alcachofa. Luego C me ha contado un sueño que ha tenido conmigo, donde salían varios animales, tan tierno que he tenido que hacer un poema:
Hoy rescataste a un pato.
Hoy te sacrificaste por un pato.
Después fuimos a casa
quedamos con amigas que no existen
luchamos con serpientes
que no existen y no
tuvimos ningún miedo
porque el miedo es un cuarto muy oscuro
y hoy ha sido de día
por lo menos durante doce horas.
Ya anochece.
No hace falta otra cosa
solamente
el gesto limpio del grifo de tu sueño.
8/3/2026
Desvelada, salgo de la cama a las 6 y me tumbo en el estudio a terminarme El hombre que ordenaba bibliotecas de Juan Marqués. Me río en voz alta varias veces. Es un libro perfecto para leer mientras se hace de día.
Paseamos descalzas por la playa del Castell, haciendo el faquir sobre el lecho de arena gruesa. Al volver me siento en uno de los bancos que miran al mar. El sol se cuela entre los pinos y estoy tan bien que me pongo a llorar. Es ridículo. Creo que me estoy purgando.
9/3/2026
Hoy he salido a hacer deporte a primera hora: ¿quién soy?
Vamos de excursión los cuatro por la costa, donde se encadenan varias calas a cuál más bonita. Parecemos la comunidad del anillo: Fran es Frodo, Guadalupe es Sam, Gabi es Gandalf. Yo podría ser Pippin, el más bocazas. La última es la cala del Crit («grito»), donde Gabi nos invita a gritar, como las protagonistas de su novela. Rugimos, chillamos y aullamos en un desfogue colectivo.
A la vuelta nos encontramos al Quico sentado en una colonia de gatos. Nunca había visto gatos en el mar. Son muy cariñosos. Imagino que desarrollan aletas, palmas, que se vuelven anfibios y nadan, nadan, nadan.
10/3/2026
Escribo mucho. Me siento en el sillón de la biblioteca, que he apodado «el sillón de Balzac», y vomito una buena sarta de tonterías.
No sé por qué me empeño en escribir novela, si no valgo. Mi cerebro funciona de otra forma. Me lo intento llevar a mi terreno (utilizar fragmentos, poesía, símbolos) pero la lógica siempre acaba tirando de mí para darle al texto una forma normativa y masticada. Ahora se lleva mucho la novela de tesis, es decir, la que pretende defender una idea a través de una narrativa: los hombres son malos, las madres sufren, el capitalismo mata, etc. Pero lo que yo quiero hacer es una novela episódica y dispersa, un Alicia, un Gulliver, un Quijote, donde la forma (búsqueda, pérdida, fuga) sea reflejo de mi propio proceso creativo (incierto, cambiante, revelador).
11/3/2026
Guadalupe: «Estaba leyendo sobre la adicción al amor y me acordé de ti». Y me trae un libro sobre la dopamina. También me ha dejado un cuento suyo donde habla de una relación de amantes en la que ella acaba con hongos vaginales invadiendo su cuerpo, porque también le recuerda a mí.
12/3/2026
Caras largas cuando bajo a desayunar. Gabi tiene que marcharse unos días por la muerte de un familiar. Le hacemos presa de un abrazo común, incómodo, pero necesario. Además, anoche a Sam lo atacó un pitbull y está vendado y dolorido: lo vemos llegar, cojeando, por el caminito frontal, y morimos de ternura. Le pido a Carlos Pardo el parte astral porque es muy raro que todo lo malo ocurra el mismo día.
No logro centrarme en la novela, pero a cambio escribo una decena de poemas desde mi ventanal porque Nico me ha animado. Qué sería de mí sin esos pequeños empujones.
13/3/2026
Me gustaría tener algún título para la novela. Llevo meses con ¿Dónde queda la fábrica de nieve?, pero no sé si suena demasiado a disco de Belle and Sebastian. Otros más sencillos son: Evasión, Velada o Temporal. Más misterioso: Épica láctea.
Estoy tan obsesionada que me vienen a la cabeza posibles títulos de libros que no existen, como Maldito murciélago o La España cabizbaja.
14/3/2026
Durante estos meses me he sentido a menudo como una especie de prostituta descabezada, un agujero andante, pero no puedo reprocharle nada a nadie porque yo misma me he puesto ese traje. De todas formas, ya estoy más tranquila. Tras la ruptura siento que soy otra persona, solo tengo que averiguar cuál. Se lo dije a mi psicóloga y me dijo: «Es que eres otra persona». Tiene razón, pero yo la pago para que me ayude, no para desencadenar una crisis de identidad.
15/3/2026
Vendaval. Tengo una sensación de finitud que podría parecer catastrofista, pero para mí es tranquilizadora. Me alivia aceptar que todas las cosas se acaban, tarde o temprano. Justo por eso son valiosas ahora. Todos los seres vienen y van por el mundo, solo hay que saber cuándo acogerlos y cuándo dejarlos libres.
¿Quién podrá
conducir un kilómetro
por encima del barro
con la jaula
bailando
en el asiento trasero
y este sol absoluto de marzo
muy arriba en el aire
apagar el motor y una
vez retirada la llave
respirar cinco veces
y quizás secar una esquina
pequeña
de culpa
y andar
por silbidos de agua
hasta la raíz
misteriosa
de un arca
abrir la portezuela
y así
devolver al conejo a su prado?
16/3/2026
Parece ser que no pasaré a la historia de la residencia Finestres por mi obra literaria, mi encanto natural, mis anécdotas amorosas ni mis salidas de tono, sino por comerme los kiwis con pelo.
17/3/2026
En el último medio año me han salido bastantes canas. Creo que puedo poner un nombre de hombre a cada una. Dicen que el pelo que encanece es pelo que se queda siempre ahí, pero esa máxima no vale si lo arrancas.
Siento que bajo el nivel de la conversación, aunque quizá aumento el de las risillas. A pesar de eso, todos los días pienso: hoy dejo de hacerme la graciosa. Aquí todos son cultos y están muy informados. No paran de hablar de política internacional. Aprovecho para aprender, pero me siento a años luz. No puedo aportar nada. ¿De qué temas podría yo aportar algo? Podría hablar de palabras, de ritmo. ¿Dónde se debe romper un verso? De amor y apegos. ¿Qué debe contener un diario? De gente insólita, como mi primera fan, Cebolla; o aquel hombre que me trajo una sopa de letras con los títulos de mis cuentos. De las contradicciones del feminismo. De sentir vergüenza por hacer las cosas y, aun así, hacerlas. De insectos. Del deseo inconcluso.
18/3/2026
El amor, qué bochorno. Es difícil describirlo sin avergonzarse. Solo se puede hablar del amor con cierta dignidad a través de la poesía. Solo es posible salvarse del escarnio disfrazando a ese monstruo de un lirismo mundano, o describiendo, por ejemplo, una escena con pájaros. Los pájaros son ligeros y cotidianos, y nunca van solos. La poesía amorosa es soportable por su naturaleza universal: te recuerda que no eres el primer tonto que se enamora; hace mil quinientos años ya hubo un tío en su castillo, insomne perdido, fantaseando con una campesina.
Y es difícil aguantar el amor que se tienen los otros. Al principio nos encanta rodearnos de tortolitos, pero al cabo de un rato esa compañía deja de ser estimulante y se convierte en escozor. El derroche de amor de los demás agranda el agujero propio.
19/3/2026
Me desvelo a las 3:30 de la mañana y se me ocurre la brillante idea de leer mensajes antiguos de D. Están escritos en un idioma que ya no existe. Es una lengua que murió cuando murieron sus últimos hablantes. Y ni siquiera tiene un diccionario ni nada.
Llorando, bajo a por una infusión. Me quemo la lengua. Luego veo un animal rarísimo por la ventana, pero como estoy sin gafas solo distingo medio cuerpo, blanco, con la cola larga, que se escabulle en la oscuridad.
20/3/2026
En un cuento de Magalí Etchebarne:
«La ternura es cara, pero es lo único que puede salvarte; no es el amor. El amor sin ternura te deja sola, es un presente que alguien te envía a la distancia. Durante mucho tiempo me sentí uno de esos chanchos oliendo en la tierra, buscaba que fueran suaves, que me vieran por dentro, buscaba la emoción. Buscaba la ternura como una posesa».
21/3/2026
Gabi me ha traído Moby Dick del ostracismo (su cabaña) y me he leído casi cien páginas del tirón. El principio es absolutamente gay: Ismael se ve obligado a compartir lecho con el arponero Qeequeg y se despiertan abrazados. Me dan un poco de envidia.
22/3/2026
A las dos de la mañana he acabado un capítulo bonito y medio lésbico de la novela y le he mandado a Rebeca todo lo que llevo hasta ahora. No tengo ni la mitad, por lo que creo que será imposible terminarla en los plazos acordados, pero estoy tranquila. No sé muy bien por qué. Creo que me gusta el libro. Me da vértigo porque no tengo ninguna referencia concreta para escribirlo, pero creo que eso significa que estoy haciendo algo diferente.
23/3/2026
Le digo a C que escuche a su cuerpo, que el cuerpo es sabio y siempre da señales. Los hombres viven completamente ajenos a su cuerpo; estoy segura de que si les cortaran la cabeza no se darían ni cuenta. Yo, por el contrario, creo que estoy tan pendiente de mi cuerpo que no me llega el riego a la cabeza. Eso se refleja en lo que escribo, absolutamente sometido a mi cuerpo y, por tanto, al de la protagonista. Tengo pocas ideas en el cerebro. Y no soy capaz de buscarlas, solo puedo aspirar a encontrarlas.
24/3/2026
Ha venido a comer Santiago Rocangliolo. Hablamos de que la falta de un sentido puede hacer que se agudice el resto. Le pregunto: «¿Tú has follado alguna vez con una ciega?» y dice: «No, ¡pero bailé con una sorda!».
Despedida de James Joyce en una carta a Nora Barnacle: «Un beso de veinticinco minutos en tu cuello».
25/3/2026
He soñado que estábamos en la cocina de la residencia y por el jardín veíamos acercarse una tarántula gigante. Yo cerraba la puerta, pero Nico me decía que era mejor acabar con ella ahora para que no volviera por la noche, y se apoyaba en un refrán supuestamente colombiano: «Más vale cuchillo en el ojo que mano en el cerrojo». (?) Yo la abría y le clavaba un cuchillo en el ojo, matándola.
26/3/2026
De camino a la Fosca, Fran y yo vamos cantando Más o menos bien. Guadalupe me pregunta:
—¿De qué grupo es esa canción?
—De El mató a un policía motorizado.
—¡Pobrecito!
—Da igual, es policía.
—No, ¡pobrecito el que lo mató! Se meterá en un buen lío.
27/3/2026
Llegando al Castell rezo por que hayan montado ya el chiringuito. Me apetece un helado. Pero no llevo dinero. Se me ocurre que podría pagar con favores sexuales. Solo se deben hacer favores sexuales por algo que verdaderamente valga la pena, como un helado.
28/3/2026
Lo más negativo que siento suele ser vergüenza e incertidumbre. Y ninguna de las dos es una sensación realmente mala.
29/3/2026
Última tarde en Sanià. Para pasar el duelo, Michele nos hace el favor de llevarnos al balneario de Vichy Catalán. Nos remojamos en el agua calentita como garbanzos. Solo tenemos una hora y nos obligan a ir con un gorro indigno. Antes de irnos aparecen dos chicos y se ponen a tontear. Son de Olot, un pueblo que solo conozco por ser el escenario de varios episodios del programa de crímenes de Carles Porta. Lo más sorprendente es que he ligado sin quitarme el gorro indigno.
30/3/2026
Me voy con la puerta abierta para volver muy pronto. Vivo con la sensación de que hay una suerte escondida que me sigue a todas partes.
DIARIO DE SANIÀ
Julia Viejo
2/3/2026
Cala Sanià huele a sal, como un pasadizo submarino. El parque de atracciones de la gente tranquila. En el coche me da la risa por una tontería de Nico. Hay algo poderoso en aguantarse la risa, una energía que se multiplica por acumulación.
Me han puesto en un estudio enorme con un sofá enorme y seis ventanas que miran al mar. Todo parece hecho a una escala que no es la mía, como si fuera un estudio de gigantes, o yo hubiera menguado. En la comida parloteo tan incauta que me paso de rosca hablando de mi deplorable estado sentimental. Pero cada vez me importa menos. Al subir, lloriqueo de alegría durante quince minutos.
3/3/2026
Parece ser que esto es zona de cruising. Entre un acantilado y otro, beatus ille.
He escrito un poema regular de cuando D me leyó el tarot cuando rompimos y solo salía la Emperatriz, la Emperatriz, la Emperatriz, todo el rato en todas las barajas. Por la tarde hemos ido a la playa y me he mojado los pies. La última vez que lo hice fue en mi vida anterior, así que podemos decir que hoy es la primera vez que pruebo el mar en mi vida presente.
4/3/2026
Intento escribir, pero no me concentro pensando en el sexo con C de la semana pasada. Fue muy bonito. Casi podría decirse que hicimos el amor. Pero, evidentemente, no hay amor. Casi no le conozco. Entonces, ¿qué hicimos? Hicimos como que hacíamos el amor. Todo es una ilusión, una gran fantasía donde quiero volver.
Fran me cae muy bien porque habla poco. Pero cuando lo hace, le sale ese chileno suave y cantarín con el que relata en la sobremesa la historia de una ranita invisible.
5/3/2026
Hoy llueve y me puedo concentrar mejor en la novela, pero cada vez me cuesta más narrar escenas de acción, de tensión, de trama. Quisiera contarlo todo en una larga retahíla inconexa. ¿Me estaré volviendo poeta?
Por la tarde me he comido un kiwi con pelo. Ya no sé cómo sentirme viva. Después Guadalupe me ha invitado a pasear con ella y nos hemos refugiado de la lluvia en la terraza techada, hablando de amor a oscuras, sin un triste farol. Así debe de ser ahora mismo el paisaje de mi cabeza.
6/3/2026
Gracias al mal tiempo he terminado el capítulo que tanto me estaba costando. Así que, en realidad, estos nubarrones son buen tiempo. No hay nada como cerrar cosas. No sé quién dijo: «No me gusta escribir, sino haber escrito». Pero la verdad es que a mí también me gusta escribir. Me conformo con una frase buena de vez en cuando. Creo que la globalidad no es tan importante si hay muchos momentos de brillo genuino.
En medio de la lluvia, me ha llegado la liquidación de mis traducciones de novelas eróticas. He ganado cinco veces más de lo que creía: lo suficiente como para cubrir los meses que voy a estar escribiendo sin trabajar este año. Feliz y empapada, subo la escalera dando botecitos.
7/3/2026
Me acabo de terminar El volumen del tiempo, de Solvej Balle, que trata de una especie de Día de la Marmota: un bucle temporal de un día en el que queda atrapada la protagonista. Pienso que repetiría gustosamente cualquiera de estos días, hoy o ayer.
Por la tarde vamos a Palamós, todos apiñados como colegiales en el coche de Pablo. Mientras sorteamos los baches, recibo unas fotos de mi hermano desde el Congreso Nacional de la Alcachofa. Luego C me ha contado un sueño que ha tenido conmigo, donde salían varios animales, tan tierno que he tenido que hacer un poema:
Hoy rescataste a un pato.
Hoy te sacrificaste por un pato.
Después fuimos a casa
quedamos con amigas que no existen
luchamos con serpientes
que no existen y no
tuvimos ningún miedo
porque el miedo es un cuarto muy oscuro
y hoy ha sido de día
por lo menos durante doce horas.
Ya anochece.
No hace falta otra cosa
solamente
el gesto limpio del grifo de tu sueño.
8/3/2026
Desvelada, salgo de la cama a las 6 y me tumbo en el estudio a terminarme El hombre que ordenaba bibliotecas de Juan Marqués. Me río en voz alta varias veces. Es un libro perfecto para leer mientras se hace de día.
Paseamos descalzas por la playa del Castell, haciendo el faquir sobre el lecho de arena gruesa. Al volver me siento en uno de los bancos que miran al mar. El sol se cuela entre los pinos y estoy tan bien que me pongo a llorar. Es ridículo. Creo que me estoy purgando.
9/3/2026
Hoy he salido a hacer deporte a primera hora: ¿quién soy?
Vamos de excursión los cuatro por la costa, donde se encadenan varias calas a cuál más bonita. Parecemos la comunidad del anillo: Fran es Frodo, Guadalupe es Sam, Gabi es Gandalf. Yo podría ser Pippin, el más bocazas. La última es la cala del Crit («grito»), donde Gabi nos invita a gritar, como las protagonistas de su novela. Rugimos, chillamos y aullamos en un desfogue colectivo.
A la vuelta nos encontramos al Quico sentado en una colonia de gatos. Nunca había visto gatos en el mar. Son muy cariñosos. Imagino que desarrollan aletas, palmas, que se vuelven anfibios y nadan, nadan, nadan.
10/3/2026
Escribo mucho. Me siento en el sillón de la biblioteca, que he apodado «el sillón de Balzac», y vomito una buena sarta de tonterías.
No sé por qué me empeño en escribir novela, si no valgo. Mi cerebro funciona de otra forma. Me lo intento llevar a mi terreno (utilizar fragmentos, poesía, símbolos) pero la lógica siempre acaba tirando de mí para darle al texto una forma normativa y masticada. Ahora se lleva mucho la novela de tesis, es decir, la que pretende defender una idea a través de una narrativa: los hombres son malos, las madres sufren, el capitalismo mata, etc. Pero lo que yo quiero hacer es una novela episódica y dispersa, un Alicia, un Gulliver, un Quijote, donde la forma (búsqueda, pérdida, fuga) sea reflejo de mi propio proceso creativo (incierto, cambiante, revelador).
11/3/2026
Guadalupe: «Estaba leyendo sobre la adicción al amor y me acordé de ti». Y me trae un libro sobre la dopamina. También me ha dejado un cuento suyo donde habla de una relación de amantes en la que ella acaba con hongos vaginales invadiendo su cuerpo, porque también le recuerda a mí.
12/3/2026
Caras largas cuando bajo a desayunar. Gabi tiene que marcharse unos días por la muerte de un familiar. Le hacemos presa de un abrazo común, incómodo, pero necesario. Además, anoche a Sam lo atacó un pitbull y está vendado y dolorido: lo vemos llegar, cojeando, por el caminito frontal, y morimos de ternura. Le pido a Carlos Pardo el parte astral porque es muy raro que todo lo malo ocurra el mismo día.
No logro centrarme en la novela, pero a cambio escribo una decena de poemas desde mi ventanal porque Nico me ha animado. Qué sería de mí sin esos pequeños empujones.
13/3/2026
Me gustaría tener algún título para la novela. Llevo meses con ¿Dónde queda la fábrica de nieve?, pero no sé si suena demasiado a disco de Belle and Sebastian. Otros más sencillos son: Evasión, Velada o Temporal. Más misterioso: Épica láctea.
Estoy tan obsesionada que me vienen a la cabeza posibles títulos de libros que no existen, como Maldito murciélago o La España cabizbaja.
14/3/2026
Durante estos meses me he sentido a menudo como una especie de prostituta descabezada, un agujero andante, pero no puedo reprocharle nada a nadie porque yo misma me he puesto ese traje. De todas formas, ya estoy más tranquila. Tras la ruptura siento que soy otra persona, solo tengo que averiguar cuál. Se lo dije a mi psicóloga y me dijo: «Es que eres otra persona». Tiene razón, pero yo la pago para que me ayude, no para desencadenar una crisis de identidad.
15/3/2026
Vendaval. Tengo una sensación de finitud que podría parecer catastrofista, pero para mí es tranquilizadora. Me alivia aceptar que todas las cosas se acaban, tarde o temprano. Justo por eso son valiosas ahora. Todos los seres vienen y van por el mundo, solo hay que saber cuándo acogerlos y cuándo dejarlos libres.
¿Quién podrá
conducir un kilómetro
por encima del barro
con la jaula
bailando
en el asiento trasero
y este sol absoluto de marzo
muy arriba en el aire
apagar el motor y una
vez retirada la llave
respirar cinco veces
y quizás secar una esquina
pequeña
de culpa
y andar
por silbidos de agua
hasta la raíz
misteriosa
de un arca
abrir la portezuela
y así
devolver al conejo a su prado?
16/3/2026
Parece ser que no pasaré a la historia de la residencia Finestres por mi obra literaria, mi encanto natural, mis anécdotas amorosas ni mis salidas de tono, sino por comerme los kiwis con pelo.
17/3/2026
En el último medio año me han salido bastantes canas. Creo que puedo poner un nombre de hombre a cada una. Dicen que el pelo que encanece es pelo que se queda siempre ahí, pero esa máxima no vale si lo arrancas.
Siento que bajo el nivel de la conversación, aunque quizá aumento el de las risillas. A pesar de eso, todos los días pienso: hoy dejo de hacerme la graciosa. Aquí todos son cultos y están muy informados. No paran de hablar de política internacional. Aprovecho para aprender, pero me siento a años luz. No puedo aportar nada. ¿De qué temas podría yo aportar algo? Podría hablar de palabras, de ritmo. ¿Dónde se debe romper un verso? De amor y apegos. ¿Qué debe contener un diario? De gente insólita, como mi primera fan, Cebolla; o aquel hombre que me trajo una sopa de letras con los títulos de mis cuentos. De las contradicciones del feminismo. De sentir vergüenza por hacer las cosas y, aun así, hacerlas. De insectos. Del deseo inconcluso.
18/3/2026
El amor, qué bochorno. Es difícil describirlo sin avergonzarse. Solo se puede hablar del amor con cierta dignidad a través de la poesía. Solo es posible salvarse del escarnio disfrazando a ese monstruo de un lirismo mundano, o describiendo, por ejemplo, una escena con pájaros. Los pájaros son ligeros y cotidianos, y nunca van solos. La poesía amorosa es soportable por su naturaleza universal: te recuerda que no eres el primer tonto que se enamora; hace mil quinientos años ya hubo un tío en su castillo, insomne perdido, fantaseando con una campesina.
Y es difícil aguantar el amor que se tienen los otros. Al principio nos encanta rodearnos de tortolitos, pero al cabo de un rato esa compañía deja de ser estimulante y se convierte en escozor. El derroche de amor de los demás agranda el agujero propio.
19/3/2026
Me desvelo a las 3:30 de la mañana y se me ocurre la brillante idea de leer mensajes antiguos de D. Están escritos en un idioma que ya no existe. Es una lengua que murió cuando murieron sus últimos hablantes. Y ni siquiera tiene un diccionario ni nada.
Llorando, bajo a por una infusión. Me quemo la lengua. Luego veo un animal rarísimo por la ventana, pero como estoy sin gafas solo distingo medio cuerpo, blanco, con la cola larga, que se escabulle en la oscuridad.
20/3/2026
En un cuento de Magalí Etchebarne:
«La ternura es cara, pero es lo único que puede salvarte; no es el amor. El amor sin ternura te deja sola, es un presente que alguien te envía a la distancia. Durante mucho tiempo me sentí uno de esos chanchos oliendo en la tierra, buscaba que fueran suaves, que me vieran por dentro, buscaba la emoción. Buscaba la ternura como una posesa».
21/3/2026
Gabi me ha traído Moby Dick del ostracismo (su cabaña) y me he leído casi cien páginas del tirón. El principio es absolutamente gay: Ismael se ve obligado a compartir lecho con el arponero Qeequeg y se despiertan abrazados. Me dan un poco de envidia.
22/3/2026
A las dos de la mañana he acabado un capítulo bonito y medio lésbico de la novela y le he mandado a Rebeca todo lo que llevo hasta ahora. No tengo ni la mitad, por lo que creo que será imposible terminarla en los plazos acordados, pero estoy tranquila. No sé muy bien por qué. Creo que me gusta el libro. Me da vértigo porque no tengo ninguna referencia concreta para escribirlo, pero creo que eso significa que estoy haciendo algo diferente.
23/3/2026
Le digo a C que escuche a su cuerpo, que el cuerpo es sabio y siempre da señales. Los hombres viven completamente ajenos a su cuerpo; estoy segura de que si les cortaran la cabeza no se darían ni cuenta. Yo, por el contrario, creo que estoy tan pendiente de mi cuerpo que no me llega el riego a la cabeza. Eso se refleja en lo que escribo, absolutamente sometido a mi cuerpo y, por tanto, al de la protagonista. Tengo pocas ideas en el cerebro. Y no soy capaz de buscarlas, solo puedo aspirar a encontrarlas.
24/3/2026
Ha venido a comer Santiago Rocangliolo. Hablamos de que la falta de un sentido puede hacer que se agudice el resto. Le pregunto: «¿Tú has follado alguna vez con una ciega?» y dice: «No, ¡pero bailé con una sorda!».
Despedida de James Joyce en una carta a Nora Barnacle: «Un beso de veinticinco minutos en tu cuello».
25/3/2026
He soñado que estábamos en la cocina de la residencia y por el jardín veíamos acercarse una tarántula gigante. Yo cerraba la puerta, pero Nico me decía que era mejor acabar con ella ahora para que no volviera por la noche, y se apoyaba en un refrán supuestamente colombiano: «Más vale cuchillo en el ojo que mano en el cerrojo». (?) Yo la abría y le clavaba un cuchillo en el ojo, matándola.
26/3/2026
De camino a la Fosca, Fran y yo vamos cantando Más o menos bien. Guadalupe me pregunta:
—¿De qué grupo es esa canción?
—De El mató a un policía motorizado.
—¡Pobrecito!
—Da igual, es policía.
—No, ¡pobrecito el que lo mató! Se meterá en un buen lío.
27/3/2026
Llegando al Castell rezo por que hayan montado ya el chiringuito. Me apetece un helado. Pero no llevo dinero. Se me ocurre que podría pagar con favores sexuales. Solo se deben hacer favores sexuales por algo que verdaderamente valga la pena, como un helado.
28/3/2026
Lo más negativo que siento suele ser vergüenza e incertidumbre. Y ninguna de las dos es una sensación realmente mala.
29/3/2026
Última tarde en Sanià. Para pasar el duelo, Michele nos hace el favor de llevarnos al balneario de Vichy Catalán. Nos remojamos en el agua calentita como garbanzos. Solo tenemos una hora y nos obligan a ir con un gorro indigno. Antes de irnos aparecen dos chicos y se ponen a tontear. Son de Olot, un pueblo que solo conozco por ser el escenario de varios episodios del programa de crímenes de Carles Porta. Lo más sorprendente es que he ligado sin quitarme el gorro indigno.
30/3/2026
Me voy con la puerta abierta para volver muy pronto. Vivo con la sensación de que hay una suerte escondida que me sigue a todas partes.
Estuvo en Sanià junto a: