Estuvo en Sanià junto a:
diario de saniá
Una casa blanca en medio de un monte de pinos.
Me dijeron que hay dos perros, gente, agua. El fantasma de una gallina.
¿Cómo quiero escribir este diario? De a pedazos, como todo.
Anoche dormí con la ventana abierta y una polilla negra, que ahora duerme en mi pecho, me revoloteó en la cara.
Todavía no conocí a los perros, tampoco a Ariadna.
Me da paranoia mi quietud, mi mutismo. Estoy conociendo a mis compañeros: Andrea, Núria, Carlos. En los almuerzos no sé de qué hablar. Tomo kombucha y me río de las bromas de Andrea. Me encanta su acento colombiano. La estoy leyendo y siento que es un secreto, todavía no le dije nada.
Nos conocimos el año pasado, en Guadalajara. Creo que no se acuerda.
Carlos, fuente inagotable de referencias literarias, amabilidad, risas.
¿Me acostumbraré a esto? ¿A este lugar, a estos sabores, a este ritmo de pensamiento?
La sensación reincidente de que no me lo merezco.
Un miedo: no poder escribir aún con las mejores condiciones.
Leo: Escribir antes, Eisejuaz, La comedia de la carne, Querida Beth.
En esta habitación durmió antes Gabi. Me lo dijo Nico al llegar. ¿De qué lado de la cama?
Es un cuarto chiquito y lindo, con un balcón en el que me gusta sentarme de noche para mirar hacia abajo. Duermo abrazada a una polilla negra y a mi miedo. Alguien camina en círculos en el patio. Cuando lo cuento en la mesa todos dicen que no salieron, que no fueron, que no caminaron. Y sin embargo a la noche vuelvo a oír pasos. Miro el agua, la luna, los árboles.
Esta mañana caminé al borde de un precipicio. Un paseo de aproximación al terreno. No nadé todavía.
Carlos está leyendo solo, lo veo por la ventana. Hoy toca que lea mi carta astral. ¿A qué hora habré nacido? La precisión es importante.
Nací a las 23:08, dice mi madre.
Conocí por fin a los perros: Sam y Ploma. Me gusta Sam. A todos nos gusta, es nuestro favorito.
Carlos dice que a todos los residentes anteriores les ha gustado Ploma por su personalidad estridente. Sam se sienta dentro del agua, quieto. Como yo. Le digo cascarriento y le amaso las orejas, le gusta.
Anoche había viento atrapado dentro de la casa. Andrea y yo salimos al pasillo a la vez y ella dijo, yo me encargo, y bajó a lo oscuro a chequear las puertas.
¿Qué comeremos hoy?
Soñé que me expulsaban del liceo. Andrea dice que puede ser mi miedo a ser expulsada de este lugar.
Nadando con Andrea vimos un pulpo. Me llamó con entusiasmo y me acerqué rápido, todo lo rápido que puedo acercarme con mi nado estilo perrito, como Ploma en la piscina. Es el primer pulpo vivo que veo en mi vida. Se lo digo a Andrea mientras floto. Siento que está pasando algo importante y me da una impresión como de llanto. Pulpo vivo es raro de decir. Hace semanas Hussain preparó pulpo y comí un pedacito para ser cortés. No me gustó, tampoco la horchata.
Ayer fue río lo que ahora es rastro y nadie viva lo que ya es naufragio. Leo esos versos de Amanda Berenguer para pensar en lo que vine a escribir.
Cuando salgo a pasear me olvido de tanto.
Encontré un poco de arcilla de camino a la barraca de Dalí, la metí en mi botella de agua y fue un error porque llegando a Castell me dio sed. Voy a usarla para hacer una cosa.
Andrea me dice piel de bicho. Estoy juntando exoesqueletos de chicharra. Muchos. Tengo como seis.
Anoche tormenta, Ploma estaba asustada y se escondió en el baño y Sam tenía cara extraña. Núria caminando entre los árboles. Mi grito. El trueno. Durmió en la casa.
Mike cocina algo que tiene piña. Él es un cocinero frutal.
Pienso en cómo voy a volver a la ciudad después de un mes entero en este idilio.
Sigo leyendo Eisejuaz.
Hoy mi cuerpo cumple una semana en esta casa.
¿Quiénes son los encargados de poner las boyas en el mar? Carlos se levanta más temprano que todos y camina, corre, piensa. Él ha de tener resuelto mi misterio.
Volviendo, nomás. Así.
En Aiguá se murió el Gato Gordo. Lloré en el cuarto. Romi me contó, dijo que a ella le hubiese gustado saber. Me pone triste. También contenta; no lo atropellaron, no lo envenenaron. Se murió dormido.
Tercer día sin ver pulpo.
El viento trajo basura a la orilla.
Anoche, sensación rara.
Núria me habló de una criatura que vive en las rocas de Cala Saniá. Algo así como una anguila. ¿Cómo se llamaba? Se lo contó Ari.
Carlos lee a Catulo en la piscina. Lo lee con entusiasmo, como hace todas las cosas.
Leer con entusiasmo.
Puedo oír cuando en esta casa alguien se corta las uñas. ¿Quién será esta vez?
En Cala Saniá solo los pescadores. ¿Se llevarán alguno de los peces que vi ayer?
¿En qué piensa Nico cuando pasa ratazo en el banquito? Núria dice que desde mi cuarto espío y es cierto. Lo veo todo desde mi cama.
Esta noche leeremos textos en proceso.
Núria amplió la información sobre la morena, así se llama la anguila. Solo los buceadores la ven y saben dónde vive. Es una morena vieja.
No sé bucear.
Las morenas pueden vivir hasta 30 años. Abren y cierran la boca para bombear agua. Viven en una grieta, siempre a más de 10 metros de profundidad.
Hay una mosca que me sigue desde el desayuno. Creo que quiere ponerme huevos, como la polilla.
¿Cómo ve el mundo una vaca?
Ver el fondo como una morena.
La risa de Andrea, el silbido afinado de Carlos, la forma en la que Núria dice tía, el sarcasmo de Nico. Los tatuajes de Inma y Ari. El silencio de Mike. La alegría de Mari.
Algunas cosas que voy a extrañar.
He nadado tanto. Más que nunca en mi vida.
También he dicho piedra, lengua, charco. He escrito todo eso una y otra vez.
Sexto día sin ver pulpo.
Me llevó 10 días poder madrugar para ir a caminar con Andrea y Núria. Andrea camina rápido y habla en repecho, no se queda sin aire nunca. Es una gran contadora de anécdotas. Núria es graciosa, me encanta cuando dice pero Andrea, tía, o jo, qué cabrón. Me están llevando a ver una vulva de roca.
Un hombre desnudo en el acantilado. Tan quieto que parece un fantasma.
Atravesar el portal de piedra. La vulva esperada.
Me distraen el azul del fondo, las piedras, el ruido a agua.
Si no se escribe en este lugar, ¿dónde?
Nuestro favoritismo por Sam. Creo que ya lo dije. Es que lo repetimos todo el tiempo. Carlos le dice Samito. Creemos que está enfermo porque está tomando una especie de jarabe. Con Ploma siguen a Ari vaya a donde vaya y cuando está cocinando, se hacen rosquito a sus pies y esperan. Juegan en la piscina, entienden catalán.
Escribí un capítulo.
Mari hizo kombucha. Las mejores tres palabras.
Andrea escribe poemas hermosos casi todos los días, en sus caminatas tempraneras. A veces nos los lee. Qué fortuna.
Ari, Sam y Ploma jugando en el mar.
¿Escribir desde un muerto es creer en el más allá?
Soñé que mis abuelos eran jóvenes. Qué deseo.
Carlos vio un fantasma. Una sombra, dijo, en la biblioteca. Me lo contó cuando salí de la casa rumbo a Cala Canyers. Tenía cara de susto y eso me dio miedo, porque parecía real. Después se lo contó a Andrea, Núria y Nico.
Después de esa historia, de noche me da miedo ir al baño. ¿Estará en el pasillo esa sombra de la biblioteca?
Pasan los días y me vuelvo menos vergonzosa con mi cámara, empiezo a sacarle fotos a todo. La luz, la risa, este viento. Cosas que no van a volver.
Escribir después de Saniá, qué misterio.
Ser demasiado joven para todas las cosas, según todas las personas.
Cinco picaduras en las manos, cinco cruces sobre ellas.
Ayer bajé a Cala Saniá para pedirle un deseo a una piedra. Nadé y la dejé en el fondo, con los peces.
Voces de niños; son los hijos de Andrea en el teléfono. Me alegra oírlos. También me alegra sentir la emoción en la voz de Andrea.
Estar como amigaenamorada de todos, todo el tiempo. Debe ser la intensidad del encierro. Le decimos a Nico que hizo un buen match entre nosotros, que eligió bien, que ha de ser difícil estar en su lugar.
Si la casa fuese un cuerpo.
¿De dónde me salen las hormigas? Enjambre, ensamblaje, palabras sueltas que anoto en una conversación con Núria, que entiende de todo.
¿Quién camina en el patio por la noche?
Cumpleaños de Andrea. Mike improvisó un postre, fuimos a ver el jardín.
Hace tres días que no escribo, es la urgencia.
Anoche me levanté con un miedo y anoté en una hoja: “le pedí un deseo a esa piedra y amaneció quebrada”. Por la mañana no me acordé de lo que quería decir.
Sam y Ploma por fin confían en nosotros. Pero nos vamos mañana.
Liebre de mar que llega con la bajada. El mar se retira como en mis sueños de los primeros días. Al tocarla, le dejo un hueco en su cuerpo blando.
Es ese a veces el dolor del tacto.
Nadar dentro del cardumen, despedir los peces. Reírnos a los gritos con Núria y Andrea.
Al final hay piedras. Devuelvo algunas al mar, también la arcilla que no llegué a usar.
No miro la casa, ni los perros, ni la gente. Nos estamos yendo. Solo los árboles, arriba, que se mueven como siempre.
diario de saniá
Una casa blanca en medio de un monte de pinos.
Me dijeron que hay dos perros, gente, agua. El fantasma de una gallina.
¿Cómo quiero escribir este diario? De a pedazos, como todo.
Anoche dormí con la ventana abierta y una polilla negra, que ahora duerme en mi pecho, me revoloteó en la cara.
Todavía no conocí a los perros, tampoco a Ariadna.
Me da paranoia mi quietud, mi mutismo. Estoy conociendo a mis compañeros: Andrea, Núria, Carlos. En los almuerzos no sé de qué hablar. Tomo kombucha y me río de las bromas de Andrea. Me encanta su acento colombiano. La estoy leyendo y siento que es un secreto, todavía no le dije nada.
Nos conocimos el año pasado, en Guadalajara. Creo que no se acuerda.
Carlos, fuente inagotable de referencias literarias, amabilidad, risas.
¿Me acostumbraré a esto? ¿A este lugar, a estos sabores, a este ritmo de pensamiento?
La sensación reincidente de que no me lo merezco.
Un miedo: no poder escribir aún con las mejores condiciones.
Leo: Escribir antes, Eisejuaz, La comedia de la carne, Querida Beth.
En esta habitación durmió antes Gabi. Me lo dijo Nico al llegar. ¿De qué lado de la cama?
Es un cuarto chiquito y lindo, con un balcón en el que me gusta sentarme de noche para mirar hacia abajo. Duermo abrazada a una polilla negra y a mi miedo. Alguien camina en círculos en el patio. Cuando lo cuento en la mesa todos dicen que no salieron, que no fueron, que no caminaron. Y sin embargo a la noche vuelvo a oír pasos. Miro el agua, la luna, los árboles.
Esta mañana caminé al borde de un precipicio. Un paseo de aproximación al terreno. No nadé todavía.
Carlos está leyendo solo, lo veo por la ventana. Hoy toca que lea mi carta astral. ¿A qué hora habré nacido? La precisión es importante.
Nací a las 23:08, dice mi madre.
Conocí por fin a los perros: Sam y Ploma. Me gusta Sam. A todos nos gusta, es nuestro favorito.
Carlos dice que a todos los residentes anteriores les ha gustado Ploma por su personalidad estridente. Sam se sienta dentro del agua, quieto. Como yo. Le digo cascarriento y le amaso las orejas, le gusta.
Anoche había viento atrapado dentro de la casa. Andrea y yo salimos al pasillo a la vez y ella dijo, yo me encargo, y bajó a lo oscuro a chequear las puertas.
¿Qué comeremos hoy?
Soñé que me expulsaban del liceo. Andrea dice que puede ser mi miedo a ser expulsada de este lugar.
Nadando con Andrea vimos un pulpo. Me llamó con entusiasmo y me acerqué rápido, todo lo rápido que puedo acercarme con mi nado estilo perrito, como Ploma en la piscina. Es el primer pulpo vivo que veo en mi vida. Se lo digo a Andrea mientras floto. Siento que está pasando algo importante y me da una impresión como de llanto. Pulpo vivo es raro de decir. Hace semanas Hussain preparó pulpo y comí un pedacito para ser cortés. No me gustó, tampoco la horchata.
Ayer fue río lo que ahora es rastro y nadie viva lo que ya es naufragio. Leo esos versos de Amanda Berenguer para pensar en lo que vine a escribir.
Cuando salgo a pasear me olvido de tanto.
Encontré un poco de arcilla de camino a la barraca de Dalí, la metí en mi botella de agua y fue un error porque llegando a Castell me dio sed. Voy a usarla para hacer una cosa.
Andrea me dice piel de bicho. Estoy juntando exoesqueletos de chicharra. Muchos. Tengo como seis.
Anoche tormenta, Ploma estaba asustada y se escondió en el baño y Sam tenía cara extraña. Núria caminando entre los árboles. Mi grito. El trueno. Durmió en la casa.
Mike cocina algo que tiene piña. Él es un cocinero frutal.
Pienso en cómo voy a volver a la ciudad después de un mes entero en este idilio.
Sigo leyendo Eisejuaz.
Hoy mi cuerpo cumple una semana en esta casa.
¿Quiénes son los encargados de poner las boyas en el mar? Carlos se levanta más temprano que todos y camina, corre, piensa. Él ha de tener resuelto mi misterio.
Volviendo, nomás. Así.
En Aiguá se murió el Gato Gordo. Lloré en el cuarto. Romi me contó, dijo que a ella le hubiese gustado saber. Me pone triste. También contenta; no lo atropellaron, no lo envenenaron. Se murió dormido.
Tercer día sin ver pulpo.
El viento trajo basura a la orilla.
Anoche, sensación rara.
Núria me habló de una criatura que vive en las rocas de Cala Saniá. Algo así como una anguila. ¿Cómo se llamaba? Se lo contó Ari.
Carlos lee a Catulo en la piscina. Lo lee con entusiasmo, como hace todas las cosas.
Leer con entusiasmo.
Puedo oír cuando en esta casa alguien se corta las uñas. ¿Quién será esta vez?
En Cala Saniá solo los pescadores. ¿Se llevarán alguno de los peces que vi ayer?
¿En qué piensa Nico cuando pasa ratazo en el banquito? Núria dice que desde mi cuarto espío y es cierto. Lo veo todo desde mi cama.
Esta noche leeremos textos en proceso.
Núria amplió la información sobre la morena, así se llama la anguila. Solo los buceadores la ven y saben dónde vive. Es una morena vieja.
No sé bucear.
Las morenas pueden vivir hasta 30 años. Abren y cierran la boca para bombear agua. Viven en una grieta, siempre a más de 10 metros de profundidad.
Hay una mosca que me sigue desde el desayuno. Creo que quiere ponerme huevos, como la polilla.
¿Cómo ve el mundo una vaca?
Ver el fondo como una morena.
La risa de Andrea, el silbido afinado de Carlos, la forma en la que Núria dice tía, el sarcasmo de Nico. Los tatuajes de Inma y Ari. El silencio de Mike. La alegría de Mari.
Algunas cosas que voy a extrañar.
He nadado tanto. Más que nunca en mi vida.
También he dicho piedra, lengua, charco. He escrito todo eso una y otra vez.
Sexto día sin ver pulpo.
Me llevó 10 días poder madrugar para ir a caminar con Andrea y Núria. Andrea camina rápido y habla en repecho, no se queda sin aire nunca. Es una gran contadora de anécdotas. Núria es graciosa, me encanta cuando dice pero Andrea, tía, o jo, qué cabrón. Me están llevando a ver una vulva de roca.
Un hombre desnudo en el acantilado. Tan quieto que parece un fantasma.
Atravesar el portal de piedra. La vulva esperada.
Me distraen el azul del fondo, las piedras, el ruido a agua.
Si no se escribe en este lugar, ¿dónde?
Nuestro favoritismo por Sam. Creo que ya lo dije. Es que lo repetimos todo el tiempo. Carlos le dice Samito. Creemos que está enfermo porque está tomando una especie de jarabe. Con Ploma siguen a Ari vaya a donde vaya y cuando está cocinando, se hacen rosquito a sus pies y esperan. Juegan en la piscina, entienden catalán.
Escribí un capítulo.
Mari hizo kombucha. Las mejores tres palabras.
Andrea escribe poemas hermosos casi todos los días, en sus caminatas tempraneras. A veces nos los lee. Qué fortuna.
Ari, Sam y Ploma jugando en el mar.
¿Escribir desde un muerto es creer en el más allá?
Soñé que mis abuelos eran jóvenes. Qué deseo.
Carlos vio un fantasma. Una sombra, dijo, en la biblioteca. Me lo contó cuando salí de la casa rumbo a Cala Canyers. Tenía cara de susto y eso me dio miedo, porque parecía real. Después se lo contó a Andrea, Núria y Nico.
Después de esa historia, de noche me da miedo ir al baño. ¿Estará en el pasillo esa sombra de la biblioteca?
Pasan los días y me vuelvo menos vergonzosa con mi cámara, empiezo a sacarle fotos a todo. La luz, la risa, este viento. Cosas que no van a volver.
Escribir después de Saniá, qué misterio.
Ser demasiado joven para todas las cosas, según todas las personas.
Cinco picaduras en las manos, cinco cruces sobre ellas.
Ayer bajé a Cala Saniá para pedirle un deseo a una piedra. Nadé y la dejé en el fondo, con los peces.
Voces de niños; son los hijos de Andrea en el teléfono. Me alegra oírlos. También me alegra sentir la emoción en la voz de Andrea.
Estar como amigaenamorada de todos, todo el tiempo. Debe ser la intensidad del encierro. Le decimos a Nico que hizo un buen match entre nosotros, que eligió bien, que ha de ser difícil estar en su lugar.
Si la casa fuese un cuerpo.
¿De dónde me salen las hormigas? Enjambre, ensamblaje, palabras sueltas que anoto en una conversación con Núria, que entiende de todo.
¿Quién camina en el patio por la noche?
Cumpleaños de Andrea. Mike improvisó un postre, fuimos a ver el jardín.
Hace tres días que no escribo, es la urgencia.
Anoche me levanté con un miedo y anoté en una hoja: “le pedí un deseo a esa piedra y amaneció quebrada”. Por la mañana no me acordé de lo que quería decir.
Sam y Ploma por fin confían en nosotros. Pero nos vamos mañana.
Liebre de mar que llega con la bajada. El mar se retira como en mis sueños de los primeros días. Al tocarla, le dejo un hueco en su cuerpo blando.
Es ese a veces el dolor del tacto.
Nadar dentro del cardumen, despedir los peces. Reírnos a los gritos con Núria y Andrea.
Al final hay piedras. Devuelvo algunas al mar, también la arcilla que no llegué a usar.
No miro la casa, ni los perros, ni la gente. Nos estamos yendo. Solo los árboles, arriba, que se mueven como siempre.
Estuvo en Sanià junto a: