( 069 )

Firme defensora del arte de la bibliomancia y madre de todas las dicotomías. Revisó su próxima novela, ‘La piel hembra’, con la misma pasión que invirtió en reír o acechar al fantasma de Truman. Eligió una pluma Parker roja lava.

( 070 )

Nos enseñó la palabra escriguera y fue el favorito de Ploma. Como buen aries, se leyó en pocos días los cuentos completos de Faulkner. Consiguió acabar el borrador de su tercera novela y revisó un libro de relatos. Eligió una pluma Parker roja grosella.

( 071 )

Se trajo ‘El arcoíris de gravedad’, pero la biblioteca de Sanià lo arrastró a otros libros. Trabajó en su primera novela. Registró muestras significativas de cielo desde el ventanuco superior de su cabaña y documentó cada plato. Eligió una pluma Parker dorada.

( 072 )

Visitó casi a diario el litófono natural de cala Sanià, inmersa en la escritura de textos geológicos. Como los cormoranes que avistaba, pescó libros de la biblioteca sin parar. Eligió una pluma italiana de plata, carmesí, pequeña como la palma de su mano.

( 066 )

Estábamos en pleno otoño, pero Berta se bañaba en la piscina y después tomaba el sol desde el balcón de su dormitorio. Trajo su propio fantasma y lo invocó cada tarde desde el estudio monástico. Al final de la residencia aprendió a descorchar botellas de vino.

( 067 )

El que sería un diario de la ansiedad se le convirtió en la jaula de un fantasma inesperado. Transformó la añoranza en poesía y encontró consuelo en la inmensidad del Mediterráneo: “un clonazepam que entra por los ojos”.

( 068 )

A Veronica le interesan más los bares que la literatura. ¿O la literatura que le interesa es la que encuentra en los bares? No nos quedó claro. Sin embargo, una semana y media después de estar en Sanià, dejó de pensar en el abismo que la separaba del bar más cercano. Todos los días a las 18h abría la nevera y la “infinita tarde de domingo en casa de los abuelos” se terminaba.

( 062 )

Nos demostró que en la Argentina el amor por la pileta no está muy lejos de la pasión por la pelota. Las influencias del blanco y del «cru» la llevaron a desayunar yogur cada mañana. Trabajó en un diario del cual sólo nos presentó una brevísima parte. Ignoramos cuánto le querrá regalar a la ficción.

( 063 )

Aunque ignoraba quiénes eran los constructores de Sanià, tras varios días de observación del patio andaluz, descifró el misterio que Dorothy Webster y Nicolai Woevosdky encerraron en las formas del suelo de guijarros. Fue elegido a través de la convocatoria abierta y logró concluir el proyecto de poesía que traía entre manos. Será su segundo libro.

( 064 )

Quería trabajar en una novela, pero, al cabo de unos días en la cabaña de cala Canyers, después de la lectura y relectura de Capote –al parecer su fantasma le hizo una zancadilla–, decidió recuperar el manuscrito de un cuento abandonado. También cuidó de los cactus y celebró a diario la cocina vegetariana de Sanià.

( 065 )

Vino en coche desde Bruselas porque a Kafka, su acompañante, no le gustan los aviones. En la tercera planta de Sanià, le ladraba al reflejo de una gallina (la Moni). Trabajó en su tercera novela.

( 059 )

Rayó casi cada página de nuestro ejemplar de ‘Caminos de intemperie’ de Ramón Andrés. Siguió a su equipo –El Millonarios– a horas inhumanas y se fascinó con los escolitinos que matan a los pinos.

( 060 )

Persiguió cada liquen; registró los vientos, la lluvia y el canto de los pájaros. Hizo de anfitrión del grupo de octubre por unos días y no perdonó ningún postre.

( 061 )

Se enamoró de tres palabras: páramo, umbral y cometrapo. Tanto ruido sobre Capote la llevó hasta Portbou en busca de un Walter Benjamin más silencioso. Volvió a la no ficción.

( 058 )

Su llegada, a mediados de julio, coincidió con la aparición de los duques o búhos reales que sobrevolaron Cala Sanià cada atardecer.

( 057 )

Conjuró el insomnio poniendo un par de tijeras debajo del colchón y se dio cuenta de que en realidad no es una escritora tan lenta como pensaba.

( 054 )

Cuando no estaba pensando en el cuerpo humano (en las partes que le faltan), destapaba botellas de cerveza con los dientes y llamaba xoriço a todo el mundo.

( 055 )

Aprovechó la biblioteca para hacer relecturas: La Odisea, El Infierno, La transformación, El otro proceso, entre otros. Fumaba puros después de la comida y compartía chocolate con sus interlocutores.

( 056 )

Bautizó un rincón de Cala Estreta como The Third Ring. Allí se retiraba a mirar el horizonte y a pensar en la velocidad, el desplazamiento y la aceleración de las cosas de este mundo.

( 053 )

No quiso explorar el mundo por fuera de Sanià. Le era suficiente permanecer tumbado al lado de la piscina. Allí escribió un graciosísimo manuale di sopravvivenza a una residenza per scrittori.

( 052 )

Se trajo el Orinoco en una enorme carpeta con apuntes y documentos y una maleta con libros de autores latinoamericanos que ya no se consiguen fácilmente. Se fue encerrada en su segunda novela.

( 050 )

Contó las historias reales más divertidas e increíbles en las sobremesas, leyó el Tarot y la carta astral de sus colegas, y acompañó a Mariana Enriquez en sus recorridos por lugares misteriosos de la Costa Brava.

( 051 )

En las mañanas, lecturas truculentas sobre las rocas y visitas a la fauna marina de cala Estreta y proximidades. Al mediodía, una o dos copas de vino tinto. En la tarde, escritura de cuentos, truculentos también.

( 049 )

Trabajó en un ensayo sobre los orígenes de Europa y sus caminatas por las cadenas montañosas del Patromagno. Alrededor de Sanià, exploró los rastros de los iberos y se fascinó con las ruinas de Platja Castell.

( 048 )

Llegó a Sanià gracias al proyecto de novela que presentó a través de las convocatorias abiertas. Vino con Baba, un perro de aguas dulce y tímido que, sin embargo, jugaba temerariamente a desbarrancarse por los acantilados.

( 047 )

El jurado de la Llibreria Finestres eligió el proyecto de novela que presentó a las convocatorias abiertas. Trabajó obsesivamente en ella y apuró hasta el último momento para dejarla casi al punto.

( 046 )

La cabaña de Cala Canyers fue su cámara acústica. Pasó todo el mes atenta a los sonidos de los seres alados sobre los que escribe desde que se hizo a la Beca de Ensayo Finestres. La acompañaba Llum, su perra guardiana.

( 045 )

Trabajó en su segundo manuscrito. Solo salía caminar o a nadar si antes había escrito lo suficiente. Su buen humor fue el contrapunto de la obsesión por el terror de Megan y Mateo.

( 044 )

Llegó una semana más tarde con la idea de profundizar en una novela acerca de un gran compositor catalán y se encontró con un grupo fascinado por las historias de terror. A pesar del miedo, se mantuvo en la armonía de su escritura. 

( 043 )

Aunque fue el instigador del terror y del gusto por lo paranormal, cada noche regresó a su cabaña de Cala Canyers con miedo. Hizo trucos de magia, contó historias de chamanes y compartió sus sueños lúcidos.

( 042 )

Tenía un reloj que lo marcaba todo: las horas de sueño, los pasos, el tiempo de trabajo. En las sobremesas, casi a la medianoche, se convertía en un personaje salido de alguna novela de Shirley Jackson. 

( 041 )

Sabíamos que vendría a pelearse con la escritura y por eso le dimos el estudio de las seis ventanas. Allí le dio miles de vueltas al proceso creativo. Pensó en el tiempo, en el dinero, en la depresión, en el insomnio; se preguntó, en últimas, si la escritura puede ser realmente un trabajo o no. Las respuestas se conocerán más adelante. Nosotros estamos convencidos de que ganó la pelea.

( 040 )

Es el corazón del entusiasmo. Un mes de escritura en Sanià fue el equivalente a dos años de trabajo en su casa, a pesar de que se trajo su propia casa ambulante: treinta y dos libros, un cuadro de su hija (una casa con veinticinco ventanas), muñecos de animales (osos, una cebra, un pato, un braquiosaurio y un perezoso) y fotografías.

( 039 )

Trajo un sintetizador porque sabe que la escritura sola no se basta a sí misma. Hay otras cosas. No solo la música. También la fotografía. Sacó fotos con una cámara analógica que olvidaba en diferentes rincones de la casa. Cada noche dijo: “My eyes are full of computer”.

( 038 )

Desayunaba amaneceres en cala Canyers. Dejó listo para la imprenta un libro berlinés.

( 037 )

Nos ilustró con sus conocimientos sobre drogas recreativas y terapéuticas, tema de su futuro ensayo. Buscaba dosis de dopamina en las aguas frías de cala Canyers y Sanià.

( 036 )

Tuvo su propia cabaña para pensar, es decir, para leer al menos un libro al día. Desde allí escribía sobre el Amazonas y bebía pócimas peruanas para el rendimiento literario.

( 035 )

Entendió que, para dar con «la forma», primero debía desaparecer. Aparte de escribir la que será su primera novela, hizo de librero o bibliotecario de Sanià y también nos cedió el acceso a todas sus plataformas de cine.

( 034 )

Estableció la costumbre de comer helado siempre entrada la noche. Cada día salía a buscar a un personaje ficticio por el bosque, siempre con auriculares y gafas de sol.

( 033 )

Durmió con el bate al lado de su cama para mantener su obra fragmentaria. Aprovechó las aguas frías de Cala Canyers. Llegó con una maleta llena de libros. Se fue con ella todavía más pesada.

( 032 )

Dibujo varios ángulos de la casa principal, así como a las gallinas y las cigalas vivas. Trabajó en su ensayo del conocimiento empírico o artesanal o de la experiencia. Hizo suya una máquina de café.

( 031 )

Repartió a cada uno lápices Blackwings 605 como si necesitara armar a todo el mundo. Sin embargo, libró su guerra a solas en el estudio. No sabemos cuántas caladas les dio a sus cigarrillos en la terraza de Sanià.

( 069 )

Firme defensora del arte de la bibliomancia y madre de todas las dicotomías. Revisó su próxima novela, ‘La piel hembra’, con la misma pasión que invirtió en reír o acechar al fantasma de Truman. Eligió una pluma Parker roja lava.

( 070 )

Nos enseñó la palabra escriguera y fue el favorito de Ploma. Como buen aries, se leyó en pocos días los cuentos completos de Faulkner. Consiguió acabar el borrador de su tercera novela y revisó un libro de relatos. Eligió una pluma Parker roja grosella.

( 071 )

Se trajo ‘El arcoíris de gravedad’, pero la biblioteca de Sanià lo arrastró a otros libros. Trabajó en su primera novela. Registró muestras significativas de cielo desde el ventanuco superior de su cabaña y documentó cada plato. Eligió una pluma Parker dorada.

( 072 )

Visitó casi a diario el litófono natural de cala Sanià, inmersa en la escritura de textos geológicos. Como los cormoranes que avistaba, pescó libros de la biblioteca sin parar. Eligió una pluma italiana de plata, carmesí, pequeña como la palma de su mano.

( 066 )

Estábamos en pleno otoño, pero Berta se bañaba en la piscina y después tomaba el sol desde el balcón de su dormitorio. Trajo su propio fantasma y lo invocó cada tarde desde el estudio monástico. Al final de la residencia aprendió a descorchar botellas de vino.

( 067 )

El que sería un diario de la ansiedad se le convirtió en la jaula de un fantasma inesperado. Transformó la añoranza en poesía y encontró consuelo en la inmensidad del Mediterráneo: “un clonazepam que entra por los ojos”.

( 068 )

A Veronica le interesan más los bares que la literatura. ¿O la literatura que le interesa es la que encuentra en los bares? No nos quedó claro. Sin embargo, una semana y media después de estar en Sanià, dejó de pensar en el abismo que la separaba del bar más cercano. Todos los días a las 18h abría la nevera y la “infinita tarde de domingo en casa de los abuelos” se terminaba.

( 062 )

Nos demostró que en la Argentina el amor por la pileta no está muy lejos de la pasión por la pelota. Las influencias del blanco y del «cru» la llevaron a desayunar yogur cada mañana. Trabajó en un diario del cual sólo nos presentó una brevísima parte. Ignoramos cuánto le querrá regalar a la ficción.

( 063 )

Aunque ignoraba quiénes eran los constructores de Sanià, tras varios días de observación del patio andaluz, descifró el misterio que Dorothy Webster y Nicolai Woevosdky encerraron en las formas del suelo de guijarros. Fue elegido a través de la convocatoria abierta y logró concluir el proyecto de poesía que traía entre manos. Será su segundo libro.

( 064 )

Quería trabajar en una novela, pero, al cabo de unos días en la cabaña de cala Canyers, después de la lectura y relectura de Capote –al parecer su fantasma le hizo una zancadilla–, decidió recuperar el manuscrito de un cuento abandonado. También cuidó de los cactus y celebró a diario la cocina vegetariana de Sanià.

( 065 )

Vino en coche desde Bruselas porque a Kafka, su acompañante, no le gustan los aviones. En la tercera planta de Sanià, le ladraba al reflejo de una gallina (la Moni). Trabajó en su tercera novela.

( 059 )

Rayó casi cada página de nuestro ejemplar de ‘Caminos de intemperie’ de Ramón Andrés. Siguió a su equipo –El Millonarios– a horas inhumanas y se fascinó con los escolitinos que matan a los pinos.

( 060 )

Persiguió cada liquen; registró los vientos, la lluvia y el canto de los pájaros. Hizo de anfitrión del grupo de octubre por unos días y no perdonó ningún postre.

( 061 )

Se enamoró de tres palabras: páramo, umbral y cometrapo. Tanto ruido sobre Capote la llevó hasta Portbou en busca de un Walter Benjamin más silencioso. Volvió a la no ficción.

( 058 )

Su llegada, a mediados de julio, coincidió con la aparición de los duques o búhos reales que sobrevolaron Cala Sanià cada atardecer.

( 057 )

Conjuró el insomnio poniendo un par de tijeras debajo del colchón y se dio cuenta de que en realidad no es una escritora tan lenta como pensaba.

( 054 )

Cuando no estaba pensando en el cuerpo humano (en las partes que le faltan), destapaba botellas de cerveza con los dientes y llamaba xoriço a todo el mundo.

( 055 )

Aprovechó la biblioteca para hacer relecturas: La Odisea, El Infierno, La transformación, El otro proceso, entre otros. Fumaba puros después de la comida y compartía chocolate con sus interlocutores.

( 056 )

Bautizó un rincón de Cala Estreta como The Third Ring. Allí se retiraba a mirar el horizonte y a pensar en la velocidad, el desplazamiento y la aceleración de las cosas de este mundo.

( 053 )

No quiso explorar el mundo por fuera de Sanià. Le era suficiente permanecer tumbado al lado de la piscina. Allí escribió un graciosísimo manuale di sopravvivenza a una residenza per scrittori.

( 052 )

Se trajo el Orinoco en una enorme carpeta con apuntes y documentos y una maleta con libros de autores latinoamericanos que ya no se consiguen fácilmente. Se fue encerrada en su segunda novela.

( 050 )

Contó las historias reales más divertidas e increíbles en las sobremesas, leyó el Tarot y la carta astral de sus colegas, y acompañó a Mariana Enriquez en sus recorridos por lugares misteriosos de la Costa Brava.

( 051 )

En las mañanas, lecturas truculentas sobre las rocas y visitas a la fauna marina de cala Estreta y proximidades. Al mediodía, una o dos copas de vino tinto. En la tarde, escritura de cuentos, truculentos también.

( 049 )

Trabajó en un ensayo sobre los orígenes de Europa y sus caminatas por las cadenas montañosas del Patromagno. Alrededor de Sanià, exploró los rastros de los iberos y se fascinó con las ruinas de Platja Castell.

( 048 )

Llegó a Sanià gracias al proyecto de novela que presentó a través de las convocatorias abiertas. Vino con Baba, un perro de aguas dulce y tímido que, sin embargo, jugaba temerariamente a desbarrancarse por los acantilados.

( 047 )

El jurado de la Llibreria Finestres eligió el proyecto de novela que presentó a las convocatorias abiertas. Trabajó obsesivamente en ella y apuró hasta el último momento para dejarla casi al punto.

( 046 )

La cabaña de Cala Canyers fue su cámara acústica. Pasó todo el mes atenta a los sonidos de los seres alados sobre los que escribe desde que se hizo a la Beca de Ensayo Finestres. La acompañaba Llum, su perra guardiana.

( 045 )

Trabajó en su segundo manuscrito. Solo salía caminar o a nadar si antes había escrito lo suficiente. Su buen humor fue el contrapunto de la obsesión por el terror de Megan y Mateo.

( 044 )

Llegó una semana más tarde con la idea de profundizar en una novela acerca de un gran compositor catalán y se encontró con un grupo fascinado por las historias de terror. A pesar del miedo, se mantuvo en la armonía de su escritura. 

( 043 )

Aunque fue el instigador del terror y del gusto por lo paranormal, cada noche regresó a su cabaña de Cala Canyers con miedo. Hizo trucos de magia, contó historias de chamanes y compartió sus sueños lúcidos.

( 042 )

Tenía un reloj que lo marcaba todo: las horas de sueño, los pasos, el tiempo de trabajo. En las sobremesas, casi a la medianoche, se convertía en un personaje salido de alguna novela de Shirley Jackson. 

( 041 )

Sabíamos que vendría a pelearse con la escritura y por eso le dimos el estudio de las seis ventanas. Allí le dio miles de vueltas al proceso creativo. Pensó en el tiempo, en el dinero, en la depresión, en el insomnio; se preguntó, en últimas, si la escritura puede ser realmente un trabajo o no. Las respuestas se conocerán más adelante. Nosotros estamos convencidos de que ganó la pelea.

( 040 )

Es el corazón del entusiasmo. Un mes de escritura en Sanià fue el equivalente a dos años de trabajo en su casa, a pesar de que se trajo su propia casa ambulante: treinta y dos libros, un cuadro de su hija (una casa con veinticinco ventanas), muñecos de animales (osos, una cebra, un pato, un braquiosaurio y un perezoso) y fotografías.

( 039 )

Trajo un sintetizador porque sabe que la escritura sola no se basta a sí misma. Hay otras cosas. No solo la música. También la fotografía. Sacó fotos con una cámara analógica que olvidaba en diferentes rincones de la casa. Cada noche dijo: “My eyes are full of computer”.

( 038 )

Desayunaba amaneceres en cala Canyers. Dejó listo para la imprenta un libro berlinés.

( 037 )

Nos ilustró con sus conocimientos sobre drogas recreativas y terapéuticas, tema de su futuro ensayo. Buscaba dosis de dopamina en las aguas frías de cala Canyers y Sanià.

( 036 )

Tuvo su propia cabaña para pensar, es decir, para leer al menos un libro al día. Desde allí escribía sobre el Amazonas y bebía pócimas peruanas para el rendimiento literario.

( 035 )

Entendió que, para dar con «la forma», primero debía desaparecer. Aparte de escribir la que será su primera novela, hizo de librero o bibliotecario de Sanià y también nos cedió el acceso a todas sus plataformas de cine.

( 034 )

Estableció la costumbre de comer helado siempre entrada la noche. Cada día salía a buscar a un personaje ficticio por el bosque, siempre con auriculares y gafas de sol.

( 033 )

Durmió con el bate al lado de su cama para mantener su obra fragmentaria. Aprovechó las aguas frías de Cala Canyers. Llegó con una maleta llena de libros. Se fue con ella todavía más pesada.

( 032 )

Dibujo varios ángulos de la casa principal, así como a las gallinas y las cigalas vivas. Trabajó en su ensayo del conocimiento empírico o artesanal o de la experiencia. Hizo suya una máquina de café.

( 031 )

Repartió a cada uno lápices Blackwings 605 como si necesitara armar a todo el mundo. Sin embargo, libró su guerra a solas en el estudio. No sabemos cuántas caladas les dio a sus cigarrillos en la terraza de Sanià.